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ESPECIAL

EL ESCENARIO POLITICO DEL TEATRO DE OPERACIONES : AFGANISTAN

por Alejandro Iturra G.
7 de Noviembre 2001


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INTRODUCCIÓN
El entrampamiento no cede. Han transcurrido 57 días desde el meticuloso ataque terrorista y un mes desde el inicio de las operaciones militares y los caminos de solución del conflicto afgano no se perciben por ninguna parte. Mientras los Talibanes manifiestan la intención de resistir durante décadas, Estados Unidos confirma que no interrumpirá el bombardeo aéreo durante el Ramadán e incrementa sus fuerzas terrestres en el teatro de operaciones y Osama bin Laden reitera su llamado a luchar en contra de los “infieles” desde un paradero desconocido (la Liga Arabe rechaza los dichos) el estudio de los acontecimientos prosigue focalizándose en dos niveles: el análisis y las consecuencias político-estratégicas del escenario mundial-global con sus actores y variables (corresponde a los intereses de las grandes potencias y los bloques principales) y la explicitación de las alternativas estratégicas (militares) para expulsar al régimen Talibán y destruir el grupo Al-Qaeda de Osama bin Laden.
Falta la mirada enfocada sobre el escenario afgano -hurgando sobre aquellos centros de gravedad que contribuyen a explicar la situación- y cómo en él concurren los actores y variables que tienen intereses directos en la zona. Este es el propósito del trabajo. Los actores (estados) que responden a tal enunciado son los siguientes:
Actores Zonales del Conflicto.-

  • India : Superficie: 3.300.000 km2 – Pob: 1016 millones hab. (aprox) – Capital: Nueva Delhi – Religión: 82.6% hindú, 11.4% mulsumana, 6% otros – Presidente: Kircheril Raman Narayanan y Primer Ministro: Atal Behair Vajpayee.
  • Pakistán : Superficie: 803.940 km2 – Pob: 148 millones 120 mil hab. (aprox) – Capital: Islamabad – Religión: 96% musulmanes, 2% hindúes, 2% otros. – Presidente: Pervaiz Musharraf.
  • Irán : Superficie: 1.648.000 km2 – Pob: 72 millones 664 mil hab. – Capital: Teherán – Religión: 99% musulmana; 95% shiita, 4% sunnita; 1% otros – Líder Supremo de la Revolución: Ayatollah Ali Hoseini-Khamenei; Presidente: Mohammed Khatami Ardakani.
  • Kazakhstán : Superficie: 2.217.300 km2 – Pob: 15 millones hab. (aprox.) – Capital: Alma-Ata – Religión: 47% musulmana, 53% otros – Presidente: Nursultan Nazarbayev.
  • Kyrgyzstan : Superficie: 198.500 km2 – Pob: 4 millones 852 mil hab. – Capital: Bishkek (antes Frunze) – Religión: 70% musulmana, 30% otros – Jefe de Estado: Askar Akayev.
  • Turkmenistán : Superficie: 488.100 km2 – Pob: 5 millones hab. (aprox) – Capital: Ashkhabad – Religión: 85% musulmana, 10% ortodoxos, 5% otros – Presidente: Saparmurad Niyazov
  • Tajikistan : Superficie: 143.100 km2 – Pob: 6 millones 105 mil hab. – Capital: Dushambé – Religión: 85% musulmana, 80% sunnita, 5% shiita – Presidente: Emomali Rakhmonov.
  • Uzbekistan : Superficie: 447.400 km2 – Pob: 24 millones 100 mil hab. – Capital: Tashkent – Religión: 78% musulmana, 22% otros – Presidente: Islam A. Karimov.
  • Afganistán : Superficie 647.500 km2 – Pob: 24 millones hab. (aprox) – Capital: Kabul – Religión: 99% musulmanes; 84% sunnitas, 15% shiitas; 1% otros.

Gobierno Talibán-
Líderes: Mullah Mohamed Omar, Mullah Mohamed Rabbani. Area: Controlan entre el 85% y el 90% de Afganistán. Grupo étnico: Mayoritariamente Pashtun. Formados en las escuelas religiosas de las Madrassahs.

Alianza del Norte.-
Es el brazo armado del “Frente Islámico Unido para la Salvación de Afganistán”. Comprende:
La “Sociedad Islámica”. Líderes: Ahmad Shah Massoud (asesinado) y el presidente depuesto Burhanuddin Rabbani (1992-1994). Area: Norte de Kabul y Valle del Panshir. Grupos étnicos: Turkomanos, Uzbekos y Tajik.
El “Movimiento Islámico Nacional”. Líder: general Abdul Rashid Dostum. Formado en marzo de 1992 con tropas del Comando de Ejército del Norte de Afganistán principalmente (de la época socialista). Grupos étnicos: Predominantemente Uzbekos, Tajik, Turkomanos, Ismaelí y Hazara Shia.

Otros Grupos.-
Existen ocho pequeños grupos, mayoritariamente religiosos, que apoyan ocasionalmente a los Talibanes y ocasionalmente a la Alianza del Norte. Ellos son:

  • El “Partido Islámico” de la facción Gulbuddin Hekmatyar.
  • El “Partido Islámico” de la facción Yunis Khalis.
  • La “Unión Islámica para la Liberación de Afganistán” de Abdul Rasul Sayyaf.
  • El “Movimiento Revolucionario Islámico” de Monhammed Nabi Mohammmadi.
  • El “Frente de Liberación Nacional Afgano” de Sibghatullad Mojaddedi.
  • El “Frente Islámico Nacional” de Sayed Aha Gailani.
  • El “Partido de la Unidad Islámica” de Mohammed Akbar Akbari.
  • El “Movimiento Islámico” de Mohammed Asif Mohsenf.

Además se encuentra el “Partido de la Unidad” de tendencia shiita que aglutina varios grupos menores que también apoyan ocasionalmente a los Talibanes y a la Alianza del Norte.
Actores Globales del Conflicto.-
&Mac183; Estados Unidos: Superficie: 9.372.610 km2 – Pob: 275 millones 636 mil hab. – Capital: Washington – Religión: 44% protestante, 33% católica, 23% otros y no religiosos – Presidente: George W. Bush.
&Mac183; Rusia: Superficie: 17.075.200 km2 – Pob: 146 millones hab. (aprox) – Capital: Moscú – Religión: (faltan datos válidos) fuerte mayoría ortodoxa, minoría musulmana ubicada en el Caúcaso– Presidente: Vladimir Putin.
&Mac183; China: Superficie: 9.596.960 km2 – Pob: 1255 millones hab (aprox) – Capital: Pekín – Religión: mayoritariamente Confucionista, Taoista, Budista; 2-3% musulmanes; Presidente: Jiang Zemin.
Existen otros estados involucrados (o entes reconocidos como tales) que son citados en el desarrollo del trabajo; pero, en función de los propósitos del mismo, no son considerados actores directos. Allí se encuentra el territorio de la Autoridad Palestina (considerado el agravio principal para el mundo musulmán en general), Turquía (como punto de salida de los productos del Asia Central), Irak (por las restricciones aéreas y terrestres sobre su territorio), Boznia-Herzegovina (uno de los últimos eslabones del tráfico de drogas proveniente de Afganistán).
También existen otros países con graves inseguridades internas y cercanos a la zona de operaciones –Bangladesh, Sri Lanka, Nepal- pero el carácter de tales conflictos no guarda relación con el tema que convoca este trabajo.
Junto a los actores estatales coexisten otros elementos que contribuyen decisivamente a dilucidar los alcances de lo que sucede en Afganistán. Nos referimos a las:
Variables del Conflicto.-
&Mac183; El desarrollo del radicalismo islámico asociado al terrorismo.
&Mac183; La producción de drogas en Asia Central y Sur y el tráfico conexo de opio.
&Mac183; Las consecuencias del vacío provocado por la desintegración de la Unión Soviética en Asia Central.
&Mac183; Los inexplotados recursos económicos del Asia Central.
&Mac183; La idea estratégica estadounidense.
Escenario del Conflicto.-
Está configurado por la concurrencia e interacción de los actores y variables señaladas. Constituye una malla, destacando su complejidad. Es de tal magnitud y su consolidación tan evidente (se percibe en el desarrollo del texto) que la mirada analítica sobre un actor o variable posee un correlato en otras miradas sobre otros actores o variables. Así un problema puede leerse desde la perspectiva estadounidense, iraní, el contrabando de droga o la explotación de los recursos energéticos del Asia Central.
En consecuencia a manera de hipótesis puede indicarse que “los atentados terroristas del 11 de septiembre están dirigidos en contra de Estados Unidos porque asume el liderazgo de una globalización (materializada en un determinado estado de desarrollo) que afecta directamente las creencias y los intereses del mundo musulmán (particularmente en los territorios palestinos e Irak) de acuerdo al predicamento de los sectores fundamentalistas. Por lo tanto y en el contexto de la evaluación de los daños y las oportunidades que se presentan, la respuesta de Estados Unidos (con el respaldo de los países que comprenden su base de apoyo) no apunta solamente a restituir el escenario previo a la embestida, sino a destruir la amenaza que posibilita la agresión directa a su territorio y formular un nuevo escenario que de cuenta de una globalización más avanzada con la incorporación del Asia Central”.

DESARROLLO

El orden de las sucesivas presentaciones formales de los actores y variables responde a un criterio generado desde el autor. Lo importante es cómo contribuyen a las consideraciones finales.
Afganistán y Estados Unidos: Un Nudo Principal del Problema.-
En un recuento lineal de los últimos 20 años Afganistán llega a ser una moneda de dos caras para la proyección de la política exterior de Estados Unidos. Durante la Guerra Fría apoya la resistencia armada que impide la victoria del orgulloso ejército rojo y desacredita a los soviéticos delante del mundo musulmán. Tras la retirada de las últimas tropas soviéticas en febrero de 1989 la gestión de su política exterior comienza a transformarse en un desastre.
En el invierno del año 2000 serios análisis estadounidenses consideran que los Talibanes están ganando adherentes fuera de Afganistán y desplegándose peligrosamente en otros países de la región. ¿Qué había sucedido tras la desintegración del gobierno liderado por el Partido Democrático y Popular Afgano (PDPA, comunista) en febrero de 1992?.
Sucede que el conflicto se transforma en una lucha entre sectarios grupos étnicos: Pashtuns, Tajiks, Uzbekos y Hazaras shiitas particularmente. Durante la batalla por Kabul entre 1992 y 1996 (bajo la presidencia formal del profesor Burhanuddin Rabbani) cada grupo tiene diferentes aliados y combate alternativamente a los otros. El combate se transforma también en una guerra “por encargo” entre Irán y Pakistán, países que apoyan a diferentes grupos. Entre 1992 y 1994 la Casa Blanca consiente a Arabia Saudita y Pakistán cuando intentan colocar en el poder al líder islámico de línea dura, Gulbuddin Hikmetyar.
El movimiento de los Talibanes emerge en 1994 con el apoyo pakistaní. Entre 1994 y 1996 Estados Unidos también los sustenta en la creencia que el movimiento podría eliminar el tráfico de droga, expulsaría a los militantes radicales árabes de Afganistán y permitiría el acceso estadounidense al gasoducto que va desde Turkmenistán a Pakistán, impidiendo a la vez las negociaciones con Irán. La mutua antipatía Talibán con el Irán shiita (lo considera una apostasía) coopera al aislamiento del Estado persa. Islamabad observa la instalación de un gobierno “amigable” en Kabul como un factor esencial de su seguridad noroeste (requiere “profundidad estratégica” en caso de un conflicto abierto con India) y como un puente con los mercados y reservas energéticas de Asia Central.
Más al norte Uzbekistan y Tajikistan se preocupan por la irrupción del radicalismo musulmán en sus territorios. En los años recientes Tajikistan sirve de base y arma a los enemigos de los talibanes, con el apoyo ruso e iraní. La pérdidas de las bases aéreas por la Alianza del Norte acrecienta la importancia de Tajikistan.
Después de 1996 la administración Clinton se alejan de los Talibanes por la discriminación en contra de las mujeres afganas (el movimiento feminista y Hillary Clinton juega un rol principal); pero es la figura de Osama bin Laden quién empuja el alejamiento mayor. El intento de extraditar a bin Laden por su presunta culpabilidad en los atentados de Kenia y Tanzania no llega a buen término y Estados Unidos toma la decisión de disparar 80 misiles cruceros sobre los campos de entrenamiento a fines de 1998. La Casa Blanca asume que los extremistas entrenados en Afganistán provocan violencia e inestabilidad en los territorios palestinos, el Líbano, los Balcanes (Bosnia-Herzegovina en particular), el Golfo Pérsico, la misma Asia Central, Chechenia, Africa, el Kashmir-indú y otras partes.
Al percatarse que no obtiene una respuesta positiva desde Kabul (Afganistán se transforma además en un gran centro exportador de droga, de contrabando de armas y actividad económica ilegítima) Washington impone sanciones a comienzos de 1999, seguidas por las sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en noviembre de ese año. La resistencia ante las condiciones solo enaltece el prestigio del régimen entre los fundamentalistas. Naciones Unidas impone una segunda serie de sanciones en diciembre del año 2000 a través de una propuesta conjunta de Estados Unidos y Rusia (es la primera vez que los enemigos de la Guerra Fría colaboran tan cercanamente en el tema del terrorismo) aislando de manera aún más dramática al régimen.
Este mandato de Naciones Unidas entrega a los Talibanes un plazo de 30 días para cerrar todos los campos destinados al entrenamiento de terroristas y entregar a bin Laden. Adicionalmente el embargo refuerza el embargo aéreo de 1999; congela los fondos del grupo fundamentalista en el exterior, la mayoría de los cuales se encuentran en bancos paquistaníes; y prohibe la importación de ácido acético anhídrico que transforma el opio en heroína. Las sanciones también requieren el retiro de los consejeros militares de las áreas controladas por los Talibanes, restringen el viaje de los oficiales al exterior y ordena a todos los países la reducción o la desaparición de los funcionarios oficiales en las oficinas del gobierno afgano.
Las sanciones entran en vigor el 20 de enero del año 2001 y duran un año al menos. De acuerdo a la opinión del secretario de Naciones Unidas, Kofi Annan, esta resolución no ayuda al proceso de paz ni entrega facilidades al trabajo humanitario.
Se puede afirmar, por lo tanto, que en vísperas del ataque terrorista del 11 de septiembre no existe un movimiento o un grupo político más aislado en el mundo, más condenado al ostracismo o demonizado por la comunidad internacional y la mayoría de los gobiernos musulmanes que los Talibanes. Unicamente Pakistán, Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos mantienen relaciones diplomáticas con ellos en el entendido “racional” que sólo a través de la interacción podrían ser “persuadidos” a extraditar terroristas, a dejar de “coordinar” el tráfico de drogas y a terminar con 22 años de guerra civil.
Un año antes de los atentados del 11 de septiembre algunos analistas consideran que la Casa Blanca debe seguir los pasos siguientes:
1. Provocar un cambio en el balance de poder: Más allá de solicitar resoluciones a Naciones Unidas o pedir conferencias internacionales hay que concentrar fuerzas sobre quiénes mandan en Kabul. Si ello significa provocar un acercamiento con Irán, China y Rusia, no hay problema, se hace.
2. Enfrentarse a la ideología Talibán: Washington debe difundir sus ideas y valores a través de la Voz de América y las radios Pashtu a la población y los escolares.
3. Presionar a Pakistán para que retire su apoyo: La Casa Blanca debe jugar rudo. Islamabad es vulnerable política y económicamente. El golpe de Estado que lleva a la presidencia al General Pervez Musharraf deja al nuevo liderazgo con pocos amigos en el exterior. Las explosiones nucleares en 1998 y el apoyo al Kashmir-indú genera críticas en el resto del mundo. La crisis económica, acrecentada por las olas de refugiados procedentes de Afganistán e incluso del Asia Central, requiere la asistencia de organismos internacionales influenciables por Washington.
4. Ayudas a las víctimas de los Talibanes: La ayuda debe contribuir a moderar las políticas del gobierno de Kabul y no a su legitimidad; si ello no ocurre, debe ir hacia las zonas que no están controladas por los Talibanes o canalizarse directamente a la Alianza del Norte, sus oponentes políticos y militares.
5. Apoyar a los Afganos moderados: No es suficiente el término del régimen, también hay que construir un liderazgo alternativo en el largo plazo. En tal sentido hay que apoyar la congregación de las tradicionales asambleas que resuelven los conflictos afganos y podría seleccionar un amplio y aceptable gobierno de transición. Una reunión de ese tipo, la Loya Jirgha, podría reunir a las diferentes tribus, religiones y etnias en pro de una identidad común.
6. Aumentar la importancia de Afganistán en casa: La administración Clinton (y después la de Bush) debe materializar su liderazgo y nombrar un enviado de alto nivel a todos aquellos países preocupados por el ascenso de los Talibanes, con plenos poderes para coordinar todos las políticas y los recursos necesarios.
La Proyección del Factor Islámico desde el Asia Central.-
El Islam en Asia ha tenido significativos cambios desde el fin de la Guerra Fría. El colapso de la Unión Soviética cambia fundamentalmente la dinámica de la identidad musulmana a través del continente asiático. La emergencia de variantes islámicas como ideologías totalizadoras viables en movimientos organizados genera consecuencias que se transmiten desde el Asia Central {Kazakhastán (47% musulmanes), Kyrgyzstán (70% musulmanes), Tajikistán (85% musulmanes), Turkemenistán (85% musulmanes), Uzbekistán (78% musulmanes)} a la periferia del sur y sudeste. En general la respuesta de los gobiernos locales es inadecuada porque no toman en cuenta los históricos agravios políticos y económicos, así como las aspiraciones de autodeterminación de grupos minoritarios religiosos, étnicos y culturales, causas que forman parte del atractivo de la apelación islámica.
Una combinación de extrema pobreza, tensiones étnicas y un creciente autoritarismo crea un ambiente que nutre el germen de los grupos militantes. Las demandas sociales y económicas que comprimen el Asia Central bajo el mandato soviético son exacerbadas por una dubitativa política de transición. Después de la disolución de la URSS el número de mezquitas así como las oportunidades para una educación islámica se incrementan significativamente; no obstante, la presunta influencia de quienes combatieron en Afganistán pone “nerviosos” a los gobiernos locales y responden prohibiendo a los partidos religiosos en sus constituciones.
En la región persiste un liderazgo político autoritario. En Uzbekistan, Islam Karimov (quién está en el gobierno desde 1983) gana la última elección con un increíble 91,9% de los votos. La dominación de su gobierno sobre los medios de comunicación previene la aparición de cualquier partido de oposición y ciertamente cualquier agrupación que pudiera ser más tolerante con los grupos musulmanes.
Ante la presión secular dos pequeñas agrupaciones forman en 1997 el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU) con el declarado propósito de expulsar los gobiernos y establecer regímenes islámicos. En 1998 el gobierno de Tashkent, capital de Uzbekistán, aprueba una legislación que implementa las medidas más draconianas a favor de la persecución religiosa en Asia Central. En 1999 el IMU (conformado por árabes, chechenos, uighurs, pakistaníes, afganos y ciudadanos de los cinco estados de Asia Central) invade la región de Bakten en el sur de Kyrgyzstán, toman rehenes y demandan dinero y acceso a Uzbekistán. La invasión fue repelida en 1999 pero en la primavera siguiente el IMU llega a 100 kilómetros de Tashkent.
El líder del IMU, Juma Namangani (ex paracaidista soviético en Afganistán) combate junto a los militantes islámicos en la guerra civil de Tajikistan entre 1992 y 1997. Cuando el conflicto termina con el acuerdo de paz firmado en Moscú el 27 de junio de 1997 entre el Presidente Imomali Rakhmonov y el líder opositor Sayed Abdullo Nuri (con un saldo de 50 mil muertos y 700 mil refugiados que penetran en Afganistán desde Tajikistan) el Presidente de Uzbekistan, Islam Karimov, temeroso de la influencia de Namangani lo expulsa del país a su retorno. Este se traslada al norte de Afganistán en donde forma el IMU.
Turkmenistán, el cual tiene un partido único de gobierno es muy similar en su estructura de poder a Uzbekistán. La violación a los Derechos Humanos y la opresión política es común, los partidos religiosos están prohibidos y no existen medios de comunicación independientes del poder.
Kazakhastan es un Estado más rico y más grande y con un riesgo más bajo de lucha interna. No obstante, hace frente a problemas de inestabilidad social. Aunque el gobierno también prohibe las organizaciones políticas religiosas, el gobierno rehusa en 1999 considerar medidas más severas.
Kyrgyzstan alcanza un mayor nivel democrático que otros Estados de Asia Central. Aunque el gobierno rutinariamente suprime los medios independientes mediante libelos judiciales, inspecciones impositivas y prohibe la formación de religiosos basados en partidos políticos, los grupos religiosos en Kyrgyzstan no se encuentran tan oprimidos como los de Uzbekistán y Turkmenistán.
La intervención de actores regionales e internacionales complica todavía más el panorama. Afganistán, Irán, Pakistán, Turquía, China, Rusia y Estados Unidos siguen políticas basadas en sus intereses económicos y estratégicos . En términos del fenómeno islamista, las actividades de Pakistán y Afganistán tienen un mayor impacto por el uso que hacen de los elementos radicales en el avance de sus objetivos regionales.
La guerra civil afgana es intensamente desestabilizadora para Asia Central porque nutre disputas y rivalidades en y entre las regiones y fortalece el apoyo a los grupos radicales. A modo de ilustración, Osama bin Laden tiene lazos directos con el IMU, por lo tanto, surge una cultura y un lenguaje uzbeko en las zonas controladas por los Talibanes. Significa que los musulmanes uzbekos que viven en Afganistán tienen fuertes lazos con su tierra natal y por lo tanto pueden prestar un valioso apoyo a Namangani.
Pakistán apoya a los Talibanes en orden a consolidar su influencia en Afganistán, entrena a islamistas uzbekos y establece una ruta de intercambio entre Afganistán y Asia Central. Pakistán también intenta contrarrestar los lazos iraníes con Asia Central.
Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos juegan un rol importante en la medida que reconocen diplomáticamente y apoyan políticamente el régimen Talibán.
Irán asume que es el protector natural de Asia Central debido a lazos históricos, étnicos, culturales y religiosos. No descarta que Estados Unidos use su poder para aislarlo aún más. Intenta contrarrestar la influencia pakistaní dándole apoyo a la Alianza del Norte. Esta dinámica competitiva entre Irán y Pakistán dificulta aún más la cooperación entre los Estados del Asia Central.
Rusia toma el liderazgo en la ayuda a Asia Central y frecuentemente usa la amenaza de los militantes islámicos para justificar la intervención militar. Más de 12 mil soldados rusos (18 mil durante la guerra civil de Tajikistan, entre 1992-1997) se encuentran estacionados en la frontera Tajik-Afgana por una eventual incursión del IMU. En abril de 1996 Rusia firma con China, Kazakhastan, Kyrgyzstan y Tajikistan en el marco del foro diplomático de Asia Central (conocido como el Shangai Cooperation Organization) un Acuerdo de Medidas de Confianza Mutua que limita la presencia de fuerzas militares hasta 100 kilómetros de fronteras comunes e incluye medidas como la pre-notificación de ejercicios militares de no más de 40 mil efectivos y otros movimientos similares.
En octubre del año 2000, inmediatamente después de los ataques primaverales y de verano del IMU, el Kremlin avanza otro paso y firma un Tratado de Seguridad Colectiva con Kazakhastan, Kyrgyzstan, Tajikistan, Bielorusia y Armenia que permite la intervención rusa ante el ataque de musulmanes fundamentalistas. Moscú y estos países establecen una fuerza militar conjunta con el propósito de repeler cualquier agresión del IMU, involucrando el despliege de 70 a 80 mil tropas rusas en tiempos de paz. La presencia militar y la discrecionalidad en el uso de la misma le entregan a Rusia un control sustancial sobre los recursos petroleros regionales. La política de Estados Unidos en orden a no involucrarse en los problemas de Asia Central y su negativa a alterar el objetivo de aislar al régimen iraní posibilita un ambiente favorable para la expansión de la influencia rusa.
China juega su rol a través del Shangai Coperation Organization. Mantiene intereses petroleros a la vez que combate la amenaza radical islámica. Uno de sus propósitos primarios es contener al movimiento separatista islámico de la étnica Uighurs de la región Xinjiang y el apoyo que reciba este grupo desde el oeste. Este temor fomenta la entrega de equipo militar a los países de Asia Central. En el año 2000 ayuda a las FF.AA. de Kazakhastán por un monto de 1.3 millones de dólares y a las de Tajikistán por una cantidad de 600 mil dólares.
Un signo de una mayor complementación es la reciente inclusión de Uzbekistán en el Foro de Shangai, el cual en el verano del 2001 se transforma en una organización de cooperación regional . Este desarrollo tiene dos implicaciones: Primero, es consistente con la historia de Asia Central en donde las amenazas militares provocan exageradas respuestas y muchas alianzas y foros de seguridad. Segundo y más promisorio, el renuente Karimov entra en un nuevo nivel de cooperación con Rusia, tanto que participa en marzo del 2000 en las maniobras Escudo del Sur desde su propio territorio.
La respuesta de Estados Unidos es mínima. Como parte de la Iniciativa de Seguridad en Asia Central entrega una ayuda militar de 9 millones de dólares durante el año 2000 (tres millones a Uzbekistán, Kyrgyzstán y Tajikistán) consistente en entrenamiento a unidades antidrogas y antiterrorismo en el borde afgano. Francia también firma un Acuerdo de Ayuda Militar.
Turquía tiene temor del expansionismo ruso, pero necesita el intercambio comercial pues su importación de energía proviene del Asia Central. Con el propósito de fortalecer los lazos envía misiones militares de educación y entrenamiento y recibe aproximadamente a 3000 uniformados del Asia Central en sus academias militares. El Jefe de Estado Mayor conjunto turco, General Huseyin Kivrikolgu, entrega durante el año 2000 un paquete de ayuda por 1 millón de dólares.
En conclusión se puede afirmar que el auge de la militancia radical islámica es el resultado de las exclusiones económicas, la represión política y la rivalidad regional e internacional por la influencia. Por otra parte se puede estimar que la percepción de la amenaza islámica es exagerada. La real amenaza descansa en la falta de progreso económico, social y político. Aunque una estrategia de seguridad es importante, demuestra su inoperancia frente al llamado de los grupos islámicos a los desempleados y la población oprimida. Hasta que los temas de la pobreza, la tensión étnica y las tendencias autoritarias sean encarados, los grupos radicales continuarán reclutando combatientes. Las reformas democráticas y el desarrollo sustentable hacen más que los foros sobre la seguridad y la ayuda militar y por lo tanto reducen las capacidades de los militantes en orden a desestabilizar Asia Central y la regiones cercanas.
La Atracción de los Recursos Económicos del Asia Central.-
El desempleo y la pobreza en Asia Central afecta particularmente a la juventud, el grupo social que aporta los combatientes. En Uzbekistán, por ejemplo, el 59% del desempleo en 1999 afecta entre los 16 y los 30 años . El informe 2000/2001 del Banco Mundial señala que en 1993 el 26.5% de la población en Uzbekistán vive con menos de dos dólares diarios. Dados los problemas recientes del país, algunos informes especulan que el porcentaje que hoy vive bajo los niveles de pobreza comprende entre el 60% y el 80% de la población.
En 1997 en Kyrgyzstán más de la mitad de la población vive bajo los niveles de pobreza. En Kazakhastán el 34.6% sobrevive bajo los mismos parámetros. Los organismos internacionales indican que el desarrollo económico constituye el medio más promisorio para corregir el incentivo a combatir. Debido a que la región carece de capitales para superar la pobreza, la inversión extranjera es principal. Los países más grandes como Kazakhastán (2.217.300 Kmª) y Uzbekistán (447.400 Kmª) son referentes críticos en la atracción de inversión porque tienen los mercados importantes .
Kazakhastán posee importantes reservas petrolíferas. Las grandes inversiones de las compañías occidentales generan los mayores tributos para el Estado, pero China posee un pequeño campo petrolífero y además se encuentra en conversaciones para instalar un oleoducto hasta la provincia de Xinjiang. Las compañías estadounidenses son los actores comerciales más importante en el área de los campos Tengiz, así como en la prospección en el Mar Caspio en el territorio de la vecina Azerbaján.
Kyrgyzstan es un país montañoso con escasos recursos naturales. Depende en mayor medida de la asistencia externa, aunque política y socialmente es más moderno que sus vecinos.
Tajikistán también es pobre y ya tuvo la primera experiencia tras la desintegración de la URSS de la lucha fratricida con los grupos radicales musulmanes entre 1992 y 1997. Una fuerza rusa de 12 mil hombres monitorea los acuerdos de paz.
Turkmenistán tiene la intención de cimentar su desarrollo a partir de sus cuantiosos depósitos de gas natural, pero necesita una gran infraestructura para su explotación.
Ricos en energía y otros recursos (con costos altos de explotación) y rodeados de tierra por todos lados, los países de Asia Central necesitan la inversión foránea, nuevos mercados y la buena voluntad de sus vecinos para llevar a cabo la mayor parte de sus exportaciones. Sus frágiles economías no se recuperan tras la descomposición de la Unión Soviética. Desde el colapso el PGB cae entre un 15% y un 20%. Entre las alternativas preferirían múltiples aliados políticos y varias rutas de intercambio que volver a depender de una nueva forma de dominación política y económica rusa .
En el año 2000 todas los estados del Asia Central, felizmente, muestran un crecimiento del Producto Geográfico Bruto (PGB). Turkmenistán es el más dinámico con un 18%; Kazakhastán un 10%; Tajikistán un 8% y Kyrgyzstán un 5%. Uzbekistán indica el menor crecimiento, un 1% y una declinación significativa de las exportaciones. El creciente aislamiento del gobierno de Karimov en lo económico (no entrega estadísticas confiables y no genera reformas) provoca el alejamiento de la misión del Fondo Monetario Internacional en marzo del año 2001.
Uzbekistán, así como los otros países de Asia Central, pueden encontrar un socio lucrativo en Irán. Desde 1994 al año 2000 el comercio entre Uzbekistán e Irán se incrementa en un 74%, llegando a 117 millones de dólares en el 2000. Adicionalmente, existen 45 proyectos conjuntos y cuatro compañías iraníes tienen domicilio en Tashkent. Sin embargo, un avance posterior en la inversión necesita una tranquilidad que hoy no existe. Por lo demás, dadas las sanciones estadounidenses en contra de Irán, difícilmente la Casa Blanca promoverá el incremento de los lazos entre Tashkent-Teherán. Tampoco lo haría Rusia pues observa a Irán como un competidor; no obstante, en pro de construir un espacio de paz y prosperidad común, esta posibilidad tendría un efecto positivo.
Turquía es otro socio potencialmente promisorio. En 1992 establece la Turkish International Cooperation Agency (TIKA) con el propósito de cooperar en la transición democrática y las reformas económicas. Sin embargo, TIKA materializa escasos progresos más allá de las declaraciones que llaman a incrementar los lazos. En la relación bilateral, no obstante, Kazakhastán pide un préstamo de 100 millones de dólares en 1993 al Presidente Suleyman Demirel y recibe 300 millones para el sector agrícola. Con idéntico objetivo entrega a Uzbekistán un préstamo de 100 millones de dólares. Ambos créditos son pagados con productos agrícolas. Turquía carece de una suficiente base alimenticia propia y por lo tanto la zona del Asia Central se transformaría en el principal abastecedor de tales productos.
La Vinculación del Tema de la Droga en Afganistán.-
Todas las facciones afganas sustentan el esfuerzo de la guerra civil a través del tráfico de armas, un masivo contrabando de drogas, productos alimenticios y combustible. La preponderancia de esta actividad delictual crea una nueva clase de mafia basada en el transporte camionero que incluya a Afganos y no Afganos.
De acuerdo al Programa de Control de Drogas de las Naciones Unidas (UNDCP) Afganistán es el primer productor de opio mundial . La venta de opio crea una vasta red transnacional. La malla envuelve distribuidores en Asia Central, Pakistán, Irán, los Estados del Golfo y más recientemente el Caúcaso y Chechenia. Los Talibanes reconocen a los insurgentes chechenos porque éstos tienen probablemente la mejor red mundial de distribución. Los chechenos contrabandean el opio puro que es entregado por los Talibanes a través de Rusia y Europa Oriental en los mercados de Europa Occidental y eventualmente Estados Unidos.
Estas redes también proveen los medios, rutas y transporte para la transferencia de armas entre los movimientos radicales islámicos. Todos los grupos de extranjeros militantes basados en Afganistán construyen las relaciones con su territorio patrio a través del contrabando de drogas. El IMU tiene reconocidos criminales uzbekos y distribuidores de droga a la vez que funcionarios chinos confirman que las ganancias del opio financian el movimiento Uighur. Los funcionarios de la Casa Blanca dicen que cuando Estados Unidos cerró las cuentas bancarias de bin Laden llegó a ser más dependiente del contrabando de drogas para financiarse.
De acuerdo a la UNDCP la cosecha de opio en Afganistán tiene un valor de 180 millones de dólares al precio productor. Los agricultores pagan el “Ushr” a los comandantes Talibanes y Mullahs quienes gastan la moneda localmente. Por los bolsillos Talibanes pasan entre 30 y 40 millones de dólares pagados por distribuidores, transportistas y refinadores de la droga.
Ante una severa presión internacional los Talibanes emitieron recientemente un edicto prohibiendo la producción del opio. Sin embargo la comunidad internacional se muestra escéptica respecto a la implementación de la medida, particularmente porque representa una pérdida para los agricultores y el movimiento. Por lo demás, existen vastos stocks de heroína en Afganistán de previas cosechas que no han sido destruidas.
El contrabando de combustibles, bienes durables y de consumo inmediato es otra fuente de ingresos para los Talibanes. El valor regional del contrabando, que incluye Pakistán, Dubai, Irán, los cinco países de Asia Central y el Caúcaso tiene un valor estimado entre 4 mil 500 millones de dólares y 5 mil millones de dólares en 1999. En 1997 el Banco Mundial estima que el Comercio del Tránsito Afgano (ATT) entre Afganistán y Pakistán tiene un valor de 2 mil 500 millones de dólares, equivalente a la mitad del PGB Afgano y un 15% del intercambio total pakistaní. Aparte de la ayuda militar, Pakistán paga aproximadamente 10 millones de dólares al año en salarios a los administradores Talibanes en Kabul.
La economía ilegal ha potenciado el rol político de los traficantes de droga, los distribuidores de armas, los transportistas y camioneros, quienes tienen intereses en la continuación de la guerra hasta la victoria Talibán. Por lo tanto, sus esfuerzos por importar sistemas de teléfonos por satélite, la reconstrucción de caminos destrozados, la instalación de bombas de bencina y talleres de reparación para camiones, son probablemente impulsados por el deseo de hacer la red más eficiente .
Los Talibanes reúnen la mayoría del presupuesto militar –estimado en 100 millones de dólares- mediante actividades criminales. Del 60% al 70% se deriva de las ganancias provenientes del contrabando, del 30% al 40% del tráfico de droga y alrededor del 5% al 10% de la ayuda financiera directa. Los grupos islámicos también cooperan. Bin Laden, por ejemplo, financia una brigada árabe que lucha por los Talibanes.
Por su parte entre el 50% y el 60% del presupuesto militar de la Alianza del Norte –estimado entre 60 y 70 millones de dólares- es obtenido de las minas y la venta de lapislázuli y esmeraldas del Valle del Panjshir y Badakhshan en Afganistán del Norte. Massoud impone impuestos a los distribuidores de gemas y los propietarios de minas. Otro 20% o 30% se obtiene de la recaudación de los cargamentos de opio y bienes de consumo que son contrabandeados hacia Asia Central y el resto proviene de la ayuda extranjera.
La droga y el contrabando destruye virtualmente la producción histórica de productos agrícolas que una vez entregaba el 80% del empleo afgano. La amapola la reemplaza en amplias zonas y el país importa muchos alimentos. La destrucción de la agricultura tradicional fuerza el traslado de los sectores rurales a las ciudades, agregando sus efectos al desplazamiento causado por la guerra. Cualquier plan de paz debe comprender un compromiso para devolver una economía basada en la droga a una economía tradicional agrícola. Esto requiere considerables fondos, pero ciertamente menos de lo que hoy se destina a los espacios de la guerra.
La Conexión Iraní.-
Es imposible vincular la presencia iraní en el conflicto afgano sin enlazarla conjuntamente con un tercer actor en juego: Estados Unidos. Irán es el único país en el mundo que rehusa a tener un contacto formal con la Casa Blanca oficialmente. Debe recordarse que tanto la superpotencia como Israel constituyen los últimos “demonios” designados oficialmente por el régimen de Teherán.
No es sino hasta el 23 de mayo de 1997, el día en que el reformista Mohammad Khatami gana la presidencia en una inesperada y dramática victoria sobre los conservadores, que la Casa Blanca considera la posibilidad de reiniciar seriamente una vinculación interrumpida desde la caída del Shah en 1979 . Las esperanzas no se materializan en 1998 o 1999, más aún, en julio de 1999 una fuerte ofensiva de los conservadores que controlan el poder judicial, la policía, los servicios de inteligencia y las Fuerzas Armadas, hace prever la posibilidad de un golpe de Estado y la cancelación de las elecciones parlamentarias de febrero del 2002. La maniobra fracasa y los reformistas obtienen 189 asientos de 290.
En marzo de 2000 la secretaria de Estado Madeleine Albright entrega un claro mensaje en la reunión de la Cámara de Comercio Estados Unidos - Irán celebrada en Washington, anunciando la desaparición de importantes restricciones a las exportaciones iraníes en tres rubros: Alfombras Persas, nueces y caviar. Una vez más la respuesta de Teherán no se escucha. En suma, a fines del año 2000 y comienzos del siguiente la relación Estados Unidos - Irán se encuentra atascada y en ítems específicos hay una regresión.
Hay tres áreas centrales que dificultan hasta el 11 de septiembre un acercamiento entre Washington y Teherán y a la vez se encuentran directamente conectadas con el conflicto afgano: la posesión de armas de destrucción masiva, el lazo con el terrorismo y la política de la Casa Blanca hacia los proyectos energéticos que se levantan en los alrededores del Mar Caspio.
El Acta de Sanciones impuestas sobre Irán y Libia en 1991 por asociación con el terrorismo (impone castigos a las compañías extranjeras que hacen negocios con los estados en el sector energético) expira en agosto del año 2001. Existen dos condiciones que pueden relevar a Irán de tal calidad: la remoción por parte del Departamento de Estado de la lista anual de estados que patrocina el terrorismo y el término de los esfuerzos iraníes por diseñar, desarrollar, construir o adquirir dispositivos nucleares explosivos o materiales y tecnología asociada, armas químicas y biológicas y misiles balísticos y tecnología de lanzamiento de misiles balísticos. Es decir, las armas de destrucción masiva (WMD).
El lazo de Irán con el terrorismo se manifiesta en el apoyo al Hamas (territorios palestinos), al Hezbollah (Líbano), al Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK, que se opone al Estado Turco) y a los grupos fundamentalistas islámicos en países árabes como Egipto. Quienes son responsables de este apoyo son los grupos conservadores anti-reformistas (el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos y el Ministerio de Inteligencia y Seguridad comandados por el Supremo Líder de la Revolución Ayatollah Ali Hoseini ) contrarios al Presidente Khatami y sus aliados.
Las actividades iraníes con las WMD tienen cuatro grandes componentes: la relación con el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), la Convención de Armas Químicas (CWC), la Convención de Armas Biológicas (BWC) y el programa misilístico.
A diferencia de Israel, Pakistán y la India, que nunca han firmado y por lo tanto no están obligados con el NPT, Irán es un miembro con todos los derechos y por lo tanto, en cada reunión del Comité de Desarme en Ginebra, denuncia el doble estándar de Estados Unidos (con el apoyo mayoritario de los países en vías de desarrollo) respecto de su condición y la de Israel. Apoyado en este argumento Teherán no acepta una inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). La respuesta occidental es que si bien el Estado persa responde técnicamente los objetivos del NTP, lleva a cabo de manera encubierta un programa nuclear paralelo. El punto es confirmado por la inteligencia del Reino Unido, Alemania, Estados Unidos e Israel, si bien no existen pruebas fehacientes sobre el avance en actividades que conduzcan a la fabricación de armas atómicas.
Irán también ha firmado y ratificado la CWC. Arguye con gran emoción que ellos, con mayor razón que cualquier otro país, tienen interés en el éxito de la CWC porque fueron sujetos de intensos ataques con armas químicas por parte de Irak durante la guerra 1980-1988. Por otra parte, pocos analistas creen que Irán olvidará el poder de las armas químicas desde el momento que Irak permanece como un Estado con poder en este campo.
En el caso de la BWC, Irán también es un miembro firmante; sin embargo, como no se han revisado los protocolos acordados, no tiene efectos que obliguen. Irán se muestra de acuerdo en su cumplimiento, pero pocos analistas estadounidenses creen que este sea el caso.
En relación a la tecnología coheteril existe un Régimen de Control de Tecnología Misilístico diseñado para prevenir la transferencia desde los poderes avanzados a los poderes aspirantes, pero no se aplica a los recipientes de esta tecnología. El penúltimo desarrollo iraní, el Shahab III, tiene un alcance de mil 300 kilómetros y el último, el Shahab IV (en desarrollo) llegaría a Israel . Como Irán no viola ninguna ley internacional al desarrollar estos cohetes, continuará avanzando en la misma línea. Todo lo que Estados Unidos puede hacer es poner presión sobre una tercera parte, Rusia en este caso, para que detenga su cooperación. Esto podría ralentizar pero no detendrá el programa.
Sobre los proyectos energéticos a materializar en la zona del Mar Caspio, la Casa Blanca tiene un propósito: denegar a Irán las rutas para exportar petróleo y gas desde el Mar Caspio, así como su participación en proyectos conjuntos, mientras promueve la instalación de un oleoducto energético trans-Caspio que no pase por territorio iraní (el esfuerzo también se opone al ruso que desea controlar tales rutas estratégicas). El proyecto posee dos componentes: un gaseoducto desde Azerbaijan a Turquía destinado a satisfacer la demanda del gobierno de Ankara por gas y un oleoducto que correría desde la costa oriental Caspio hasta Bakú (en la ribera occidental) y desde allí hasta el puerto turco de Ceyhan en el Mediterráneo .
Washington trabaja sobre la base de tres premisas: Primera, existe suficiente petróleo y gas explotable en Azerbaijan, Kazakhastan y Turkmenistán que hace rentable el proyecto. Segunda, las conexiones a través de Rusia e Irán generan problemas ambientales y de seguridad. En este punto es cierto que el transporte por mar desde el puerto ruso de Novorossisk (en el Mar Negro) hacia el Mediterráneo puede provocar serios riesgos ambientales cuando pasa el Bósforo y los Dardanelos. También es cierto que las tuberías en territorio ruso son vulnerables frente al terrorismo checheno y las iraníes son vulnerables a una acción de Irak; sin embargo, tampoco es más seguro el oleoducto turco ante una amenaza kurda. Tercera, los estados del Asia Central desearían una menor dependencia respecto de Rusia e Irán .
Pero la realidad cambia. El Presidente Putin establece relaciones estrechas con Kazakhastan, Tajikistan y Kyrgyzstan en 1996 (agregándose Uzbekistan este año), con poblaciones que poseen una preocupación respecto del fundamentalismo islámico y últimamente del potencial avance chino.
En definitiva, el Asia Central y sus conexiones inmediatas constituyen una zona de seguridad vital para Rusia e Irán y para Estados Unidos ciertamente no reúne esa calidad. Por lo demás, los países asumen que Rusia está más allá de la próxima puerta y Estados Unidos se encuentra a miles de kilómetros de distancia .
La mayoría de los líderes iraníes también entienden que sin reformas y una mejor relación con Washington podrían hacer frente a crecientes levantamientos domésticos incluso violentos. Comprenden que en el “largo camino” no pueden mantener el poder y los vestigios de la revolución de 1979 sin algún tipo de compromisos y por lo tanto se perciben obligados a aceptar serias reformas como el mal menor.
La Proyección del Conflicto India – Pakistán.-
Entre todos los actores y factores que confluyen en el conflicto afgano probablemente ninguno posee una continuidad histórica y mayores consecuencias en la seguridad que el enfrentamiento pakistaní-hindú.
Ambos poderes de Asia del Sur están en lados opuestos durante la Guerra Fría. En los 70 y 80 la India era uno de los aliados del Tercer Mundo más importantes de la Unión Soviética, mientras las orientaciones de seguridad del gobierno de Islamabad son consistentemente pro occidentales. Esto presenta un torpe problema para Estados Unidos. La democracia más grande del mundo y estado no-sectario (pareciendo por lo tanto un aliado natural), India, lidera el movimiento de los “no alineados” y se aleja de Washington, mientras Pakistán, un país con escasas afinidades políticas naturales con la superpotencia, observa como mejora su estatura estratégica con un gobierno crecientemente autocrático e Islámico bajo el mandato del General Zia ul Haq .
La invasión soviética a Afganistán en 1979 cambia el marco e Islamabad comienza a recibir una desproporcionada asistencia de todo orden. El colapso soviético y la retirada final en 1989 finiquita el tratamiento preferencial. Los beneficios por la transferencia de todo tipo de ayuda a los Mujahidines a través del territorio pakistaní poco a poco comienzan a transformarse en costos sociales, económicos y políticos con grandes olas de refugiados, extremistas islámicos, terrorismo y tráfico de narcóticos en gran escala. Pakistán lo percibe como una traición .
A fines de la década pasada tres hechos recuerdan a la comunidad internacional que los márgenes de la seguridad global pueden comenzar a resquebrarse a partir de las consecuencias de este conflicto: Los ensayos nucleares de ambos países en mayo de 1998 demuestran empíricamente que, además de una capacidad, existe la voluntad política para construir armas nucleares; la violenta respuesta de la India a la infiltración pakistaní en el Kashmir hindú entre mayo y julio de 1999 y el “estado del arte” del mutuo desarrollo misilístico.
Las detonaciones nucleares de 1998 llevan los programas a una confrontación abierta y alteran las eventuales soluciones políticas significativamente. Tanto Nueva Delhi e Islamabad deben comenzar a “gobernar” y “gestionar” sus operaciones nucleares, pero ninguno habla, hasta ahora, de una “disuasión mínima creíble” medida en números y tipos de armas o cómo deben ser desplegadas. Pakistán crea la Autoridad del Comando Nacional de carácter civil-militar para dirigir el programa, pero, dado su escenario político, los militares tienen ciertamente la autoridad efectiva. El programa hindú permanece en la esfera del Primer Ministro y es posible que las armas permanezcan bajo control de la comunidad científica mientras los uniformados controlan los vectores misilísticos . Cada país entiende que es capaz de devastar significativamente los centros vitales del otro, matar millones, provocar la caída del gobierno del otro y producir la mayor crisis humanitaria de la historia. Lo que no tienen claro es la garantía de la sobrevivencia.
Los hechos de mayo de 1998 motivan una posición de Washington en orden a preservar la estabilidad regional. Acepta el relativo “empate nuclear” y a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas llama a ambos países a resolver sus diferencias. El cambio de actitud es evidente un año más tarde cuando tropas del ejército pakistaní e insurgentes Kashmiri apoyados por el gobierno de Islamabad cruzan la Línea de Control (LOC) entre ambos países y se apoderan de la zona estratégica del Kargil en el Kashmir hindú. Pakistán calcula que la intervención empujaría a Washington a congelar la situación, esto es, con presencia de fuerzas propias al otro lado del límite reconocido como frontera; sin embargo, la Casa Blanca llama a terminar urgentemente el conflicto mediante el respeto de la LOC . Los comentaristas de Nueva Delhi señalan que por primera vez Estados Unidos apoya a la India en el tema.
La insurgencia armada islámica que estalla en el Kashmir en 1989 con apoyo pakistaní (el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres -IISS- estima en 23 mil los muertos hasta el año 2000) introduce dos dimensiones en la visión de la comunidad internacional: el problema de la violación de los Derechos Humanos por las tropas y paramilitares hindúes y el terrorismo musulmán, particularmente del Hizbul Mujahidin, grupo que Washington incluye en la lista de los proscritos.
En 1998 Pakistán tendría cierta ventaja sobre la India en materia coheteril porque su misil de alcance intermedio, el Ghauri 1 con una cabeza de 700 kg. y un alcance de mil 500 kilómetros, está basado en tecnología probada norcoreana (el No-dong 1, basado a su vez en el Scud-B) y el Agni 1, su contraparte hindú, con una cabeza de 1000 kg. y un alcance de mil 500 kilómetros, es un producto local con un desarrollo más retrasado. El informe del IISS estima en el año 2000 que India no responde a las capacidades que demanda su ambicioso programa nuclear publicado por el Consejo Asesor en Política Estratégica del gobierno en 1999. El proyecto costaría adicionalmente un gasto del orden de los 500 millones de dólares anuales, durante un período de 10 años, y es lo que implica el desarrollo de las cabezas de guerra, las capacidades coheteriles y los sistemas de mando y control que pide el documento. Pakistán, entre tanto, tiene operacionales 30 misiles Haft 3 con un alcance de 600 kilómetros y 12 Ghauri 1 .
En lo que respecta al armamento convencional, las estimaciones del IISS consideran que en 1996 India y Pakistán gastan aproximadamente el 75% de los presupuestos de defensa del Asia Central (Afganistán, Bangladesh, India, Kazakhastan, Kyrgyzstan, Myanmar, Nepal, Pakistán, Sri Lanka, Tajikistán, Turkmenistán y Uzbekistan) tomando en cuenta la investigación, desarrollo y producción de armamento local. En 1998 ambos poderes regionales concurren con un 80% del gasto. En el año 2000 los presupuestos oficiales regionales de defensa llegan a 21 mil 700 millones de dólares (dólares de 1999) con un pequeño aumento de la presencia hindú y pakistaní. Se logra con una disminución del aporte pakistaní en un 13% (una consecuencia de la crisis económica local) y un aumento sorprendente del 20% de la India en términos reales .
A la luz de lo señalado y lo acontecido el 11 de septiembre es útil enunciar las medidas estratégicas aconsejadas a la administración Bush en los inicios de su mandato y observar sus consecuencias en el actual teatro de operaciones afgano. Ellas son :
1. Apuntar Bajo.- El primer objetivo es convencer a la India que debe abandonar su política miope y contraproducente de aislar a Pakistán. Este país musulmán debería entender que si insiste en incluir el conflicto del Kashmir como una pre condición para avanzar en cualquier otro tema, corre el riesgo de un aislamiento progresivo y real.
2. Aceptar la realidad de un Asia del Sur Nuclear.- Alentar el desarrollo de un régimen regional basado en la construcción de Medidas de Confianza Mutua y un Control de Armamento que debería funcionar como la campana de alarma. Ambos países deben comenzar a definir doctrinas y estrategias con el fin de inducir una mayor seguridad, estabilidad y claridad.
3. Desarrollar Buenas Relaciones con India.- India es la potencia regional y es el país que posee la mayor capacidad de influir con acciones y percepciones de seguridad directamente en el subcontinente. Sólo en un contexto de relaciones fuertes y confiables con la India puede Estados Unidos (y sus aliados) influir en las políticas regionales de Nueva Delhi.
4. Reencontrarse con Pakistán.- La continuación de las sanciones y acusaciones en contra de Islamabad pueden contribuir a su declinamiento y su reemplazo por un gobierno radical islámico. Debiera entregarse al Presidente Musharraf el espacio para que triunfe o fracase en el calendario que él se ha fijado (elecciones nacionales en octubre del 2002), cooperar en el entretanto y no dejarlo solo. La ayuda debe comprender la ampliación de los intercambios militares, incluyendo ejercicios sobre misiones de paz; la búsqueda del fortalecimiento de las instituciones de la sociedad civil; el aporte de fondos para la educación primaria y alentar a las organizaciones internacionales para que continúen trabajando con Pakistán en la reconstrucción de su economía.
5. Qué hacer con Pakistán y el Terrorismo.- Hay que explicarle al liderazgo pakistaní que se tomarán medidas en contra de sus intereses si se descubre que encubre o apoya los ataques en contra de intereses o ciudadanos estadounidenses, ya sean intencionales o inadvertidos. Se obliga al gobierno de Islamabad a actuar. Hay que indicarle al liderazgo pakistaní que se comprenden los límites de su influencia con los Talibanes, pero que se apreciaría su cooperación en el apresamiento de Osama bin Laden. No se debe comprender cualquier otra acción que vaya en contra de estos esfuerzos. Intercambiar información con Pakistán (y la India), incluyendo los canales militares, que tenga que ver con el terrorismo en la región. Esta acción no debe entenderse como una plataforma para presionar a uno u otro país.
El Desafío Estratégico del Acuerdo Chino-Ruso.-
Un giro diplomático capital de la última década tiene que ver con la reinstalación de profundos lazos estratégicos chino-rusos, superando décadas de enfrentamiento abierto o encubierto en los campos político, económico y militar y se usará como referencia el enfrentamiento latente o concreto con los intereses de Estados Unidos en la zona del conflicto afgano.
En junio de este año los presidentes Vladimir Putin y Jian Zemin y los líderes políticos de Kazakhstan, Kyrgyzstan y Taajikistan reafirman su asociación regional y sus intereses comunes en los grandes temas globales y expanden el foro diplomático de Asia Central (Shanghai Cooperation Organization, 1997) incorporando a Uzbekistan. Semanas más tarde, en julio, Zemin llega a Moscú a firmar el Tratado de Amistad y Cooperación de Buena Vecindad. La complementación chino-rusa aborda los asuntos de una zona de interés e influencia común como la estabilidad en el corredor que atraviesa Asia Central, la defensa misilística y los proyectos energéticos en Eurasia .
Al menos cuatro lazos vinculan a China y Rusia. El primero y más profundo guarda relación con el cambio del escenario estratégico, vale decir, el colapso de la Unión Soviética. Pekín siente una confianza que le permite resolver viejos temas compatibles con los intereses chinos sin percibir la presión soviética o la superioridad militar .
El segundo lazo tiene que ver con el voluntarismo asociativo proveniente de las jerarquías políticas. Probablemente este liderazgo invierte más esfuerzos y camina varios pasos adelante de la relación entre las poblaciones. El fortalecimiento de los vínculos puede sugerir al Kremlin que existen otras opciones fuera de Washington y Bruselas. Tanto China como Rusia comparten preocupaciones por el poder de Estados Unidos y ciertas fuentes de inestabilidad, como los separatismos étnicos y el radicalismo islámico en Asia Central .
El tercer lazo en la sociedad estratégica está constituido por la venta de armas y la cooperación en defensa. Entre 1995-1999 la venta de armas a China alcanzó un monto de 3 mil 300 millones de dólares concentrándose en el material aéreo, defensa antiaérea, estratégico y terrestre. Se desarrollan aproximadamente 100 proyectos conjuntos, 30 de los cuales se focalizan en la adaptación de la tecnología rusa a los estándares chinos .
El cuarto lazo de la cooperación estratégica es visto como un incentivo sistémico: tanto Moscú como Pekín observan en los propósitos estadounidenses la culminación de un sistema unipolar global bajo la dominación de Estados Unidos. Ambos desean un mundo multipolar en donde tanto Rusia como China constituyan pilares del sistema internacional .
Rusia y China no son los únicos países que tienen intereses en el éxito y la estabilidad de los países de Asia Central. Los esfuerzos de Estados Unidos y otros estados por desarrollar fuentes de energía, crear líneas de transporte e infraestructura en comunicaciones también son importantes. Asegurar un mayor equilibrio en la zona forma parte de las políticas de los países occidentales. Tales políticas –en opinión de analistas- no debe dirigirse en contra de Rusia o China y debieran en principio estar abiertas a una cooperación con ambos poderes.
Hoy, ambos países se oponen al sistema Defensa Nacional Misilística (NMD) estadounidense que propugna la administración Bush y elaboran las contramedidas apropiadas si el sistema es desplegado. Además la complementación tiende a obstaculizar la política de Estados Unidos en Naciones Unidas dificultando las negociaciones de las futuras operaciones de mantención de la paz e imposición de la paz. Macedonia por ejemplo.
Las relaciones históricas entre China e India, un antiguo aliado estrecho de Rusia (antes la URSS) no son amistosas. Mientras la entonces Unión Soviética se transforma en el principal apoyo militar durante 40 años del gobierno de Nueva Delhi tras los combates en la región Ladakh en los Himalayas en 1962, China comienza paralelamente a desarrollar una política de seguridad con Pakistán que implica con el paso del tiempo la transferencia de armas nucleares, tecnología coheteril y equipo. La asociación con Rusia (embarcándose en un focalizado programa de modernización militar de fuerzas nucleares y convencionales) y el eventual fortalecimiento de la estatura estratégica hindú ante la comunidad internacional y Estados Unidos, mientras la posición pakistaní se debilita por su apoyo a los Talibanes, introduce un factor desestabilizador en la relación Pekín-Islamabad a partir de los sucesos del 11 de septiembre.
La intensificación de los esfuerzos rusos en su relación con Japón, India y China continúan. El mejor resultado para Moscú es el fomento de un rango de amigos e interlocutores en Asia que preserve su cercanía con Pekín pero también deje abierta la puerta en caso de que tal opción se transforme en un gravamen demasiado alto. China no necesita más de Rusia que un socio amigable, una estabilidad básica y su eliminación como amenaza militar. Las prioridades estratégicas más importantes de Pekín se encuentran al sur y al este .
La Conexión en Chechenia y Dagestan.-
Las animosidades étnicas en el Caúcaso largamente reprimidas durante el período soviético por el poder del Estado, comienzan a emerger nuevamente a fines de los 80 y se intensifican bajo el mandato del Presidente Boris Yeltsin en la medida que el poder y la autoridad central de Moscú declinan.
Junto a las tensiones étnicas, las interpretaciones extremistas del Islam crean una nueva fuente de conflicto. Las luchas en Chechenia ilustran ambas violencias y cómo en la conjunción potencian y expanden los conflictos tradicionales en el norte del Caúcaso . Durante la primera Guerra Chechena de 1994-1996 el factor étnico juega un rol principal. Tras ganar la independencia “de hecho” mediante el Acuerdo de Khasavyurt en agosto de 1996, el liderazgo checheno es incapaz de consolidar su mandato en la medida que los comandante guerrilleros radicales no aceptan la autoridad central. Con el mandato de Aslan Maskhadov (elegido Presidente de Chechenia en 1997) severamente cercenado, los militantes islámicos establecen bases a través de toda la región y en agosto y septiembre de 1999 incursionan sobre el territorio vecino de Dagestan con el propósito expulsar a las fuerzas rusas de toda la zona e instalar un Estado islámico .
Así comienza la segunda Guerra Chechena, ahora dotada de un cariz religioso. Las fuerzas rusas obtienen un éxito cuando se apoderan rápidamente de los centros urbanos, un hecho que no se produce entre 1994-1996. Dado el carácter de la guerra irregular, el Presidente Putin anuncia la transferencia del mando militar desde el Ministerio de Defensa al Servicio de Seguridad Federal (FSB) en enero de este año. La resistencia aprovecha la experiencia afgana con grupos altamente fragmentados, con diferente autonomía y persiguiendo variados objetivos. Esta dislocación de las fuerzas dificulta en grado extremo la tarea del FSB en el territorio montañoso .
En el verano de 1998 el Partido Islámico del Renacimiento desafía a las autoridades de Dagestan cuando declara tres poblados, Karamakhi, Chabanmakhi y Kadat como territorio islámico y un año más tarde cuando apoya la “penetración” desde Chechenia. El liderazgo político sigue dos caminos: ante la violencia étnica asume una política de compromiso y previene el conflicto abierto. En la confrontación con el fundamentalismo islámico las autoridades inician una estrategia de tolerancia cero: arrestan a sus líderes, destruyen sus oficinas y proscriben a sus periódicos. Aunque estos métodos tienen éxito en el corto plazo, también alimentan los problemas del largo plazo. Al prohibir aquellas actividades religiosas calificadas de “fundamentalistas” (un término que si es aplicado con extremo celo incluye conductas que demuestran devoción) el gobierno puede estar empujando a una radicalización soterrada a otros grupos religiosos que, en estricta adherencia a la ley islámica, son pacíficos .
La explotación extranjera de los recursos energéticos en las riberas y cercanías del Caúcaso (o bajo el régimen de empresas conjuntas) observa con detención las inseguridades provenientes de las regiones indicadas (así como de otras, todas rusas: Ingushetia, North Ossetia, Karachaevo-Cherkessia, Adygea, Kabardino-Balkaria, Krasnodar, Rostov y Stavropol).
La Doctrina Estratégica de Estados Unidos.-
Un elemento principal del conflicto se encuentra en la respuesta militar de la Casa Blanca. Durante la Guerra Fría las capacidades estratégicas son sinónimo de capacidades nucleares y la planificación de Estados Unidos se concentra en el temor nuclear y la respuesta en contra de un adversario único.
Hoy, varios analistas indican que entre las características que definen el nuevo escenario se encuentran la posibilidades que “estados parias” (rogue states) traten de mantener a Estados Unidos fuera de los conflictos regionales mediante la amenaza creíble de que la escalada puede envolver el territorio continental o el de los aliados. El liderazgo político también puede ser capaz de preservar el régimen, aún en la derrota, si el ataque al territorio metropolitano o el de los aliados es exitoso. Su importancia para materializar la guerra asimétrica probablemente se ve fortalecida por el rechazo estadounidense a asumir las bajas de guerra y sus preocupaciones acerca de la autopreservación.
La pregunta que surge es ¿la doctrina estratégica de Posguerra Fría se condice con el desafío planteado por los denominados “países parias”, o no responde y por lo tanto dificulta cualquier respuesta?
Uno de los desafíos que enfrenta el Departamento de Defensa, el Pentágono, es el traslado de las políticas estratégicas a directrices concretas que preparen las fuerzas militares. El Informe Cuadrienal de Defensa de 1997 (Quadrennial Defense Review) confirma el estándar propuesto por el Presidente Clinton en el Bottom-Up Review de 1993 (allí se formula la primera estructura de fuerzas del mundo de posguerra guerra fría manteniendo una Estrategia de Reacción Flexible) en donde se señala que Estados Unidos debe estar constantemente preparado para combatir en dos Grandes Conflictos Regionales (MRC), con una reserva adicional, en teatros ampliamente separados y en tiempos parcialmente separados. El Informe de la segunda administración Clinton en 1997 cambia el concepto de grandes conflictos regionales por Grandes Teatros de Guerra (MTW) y agrega que las fuerzas también deben estar preparadas para enfrentarse con contingencias de pequeña escala.
Los hechos de los años recientes indican que el despliege básico de dos teatros de guerra es significativamente menos creíble que hace una década. Tal estándar –se ancla en la premisa de que las fuerzas estadounidenses materializan labores de ataque y defensa ante clásicas amenazas de invasión- no asume los nuevos conceptos que lo erosionan con el paso del tiempo: la disposición estratégica de tiempos de paz, defensa de la patria, el compromiso de los teatros, ampliación de las alianzas históricas, operaciones de paz, operaciones en contra de la proliferación de armas de destrucción masiva, operaciones antinarcóticos, guerra asimétrica y la defensa balística antimisil.
La segunda insuficiencia radica en que el dispositivo también erosiona la flexibilidad estratégica y la calidad de las fuerzas militares. Los uniformados son atrapados entre prioridades que compiten, carecen de activos para operaciones inesperadas y se encuentran duramente presionados en el manejo transicional de la paz a la guerra. El punto tiene directa relación con el desafío estratégico que convierte la Revolución Tecnológica Militar, con un gran impacto en la tecnología de la guerra, en la Revolución de los Asuntos Militares, con la subsecuente transformación de las operaciones y organización. Tal convergencia necesita un camino de más larga data.
La tercera insuficiencia explota por los ataques terroristas del 11 de septiembre: El sistema no tiene respuesta frente a actores extra estatales.
Ahora el enemigo de Estados Unidos no es un Estado nacional con Fuerzas Armadas capaces de actuar en un teatro convencional. De las 29 organizaciones radicales individualizadas por el Departamento de Estado como “terroristas”, 18 son fundamentalistas islámicas (ver informe “Patterns of global terrorism”, Government Printing Office, Washington, abril 2001) con redes de cooperación y apoyo establecidas entre ellas, lo que dificulta la determinación de responsabilidades concretas y precisas. El enemigo identificable cede espacio al juego sutil, complicado e impredecible de alianzas y rivalidades entre organizaciones radicales que por su propia naturaleza operan en la mayoría de los países. La mayor potencia del mundo enfrenta ahora adversarios que pueden afectar sus capacidades productivas y descubrir la súbdita obsolescencia de sus esquemas de seguridad.
CONCLUSIONES

Se formulan sobre la base de una definición previa: el poder de los actores sobre el escenario y las variables no es el mismo. En primer lugar se encuentran las capacidades de la superpotencia, Estados Unidos. En segundo lugar están presentes aquellas de las potencias globales: Rusia y China. En tercer lugar se encuentra el poder de las potencias regionales: India. Pakistán e Irán. En cuarto lugar existe el de los siguientes países: Afganistán (entendido como Estado y no asimilado al poder de Osama bin Laden), Kasakhstan, Kyrgyzstan, Turkmenistán, Tajikistan, Uzbekistan.
Para los efectos del trabajo la capacidad disuasiva del grupo de Osama bin Laden (en su aptitud para atacar objetivos en otras regiones, por ejemplo) se asume en el espacio global-mundial y es motivo de otro estudio.
En el entendido dado las conclusiones se formulan mediante la comparación de dos fases: la presentación de un escenario pre-11 de septiembre (con una globalización dada) y la construcción del escenario pos-11 de septiembre (respaldando la hipótesis) con una complementación más avanzada por la integración del Asia Central.
Actores y Variables en el Escenario Pre-Atentado (según la presentación en el desarrollo).-
&Mac183; Afganistán y Estados Unidos: No hay relaciones formales. Washington se transforma en el principal agente que pide sanciones en la ONU sobre el régimen de los Talibanes y pide la extradición de Osama bin Laden. Kabul acrecienta el prestigio entre los fundamentalistas por su intransigencia, el país se transforma en un centro privilegiado de entrenamiento de militantes radicales que generan actos terroristas en diversas partes del mundo y tiene el apoyo político de Pakistán.
&Mac183; El Asia Central y la Proyección del Factor Islámico: Tras la desintegración de la URSS todos los analistas coinciden que se produce un vacío de poder y de proyectos societales en los cinco estados del Asia Central. Tal escenario complejo, con escaso desarrollo, una pobreza omnipresente y cruzado por la relaciones étnicas y religiosas (aunque dotado de gobiernos autoritarios) se transforma en un caldo de cultivo al llamado del extremismo musulmán que se opone política y militarmente a las autoridades seculares. Contribuye a exportar al sur de Asia, al sudeste asiático y al Medio Oriente la “buena nueva”. Estos movimientos tienen el apoyo de Afganistán y Pakistán.
&Mac183; Los Recursos Económicos del Asia Central: Los gobiernos autoritarios, la escasa voluntad política asociada a los mismos, la falta de infraestructura y capitales públicos, el escaso desarrollo económico y educativo de la población, conspiran (entre otros factores) sobre la atracción de la inversión foránea. Los cincos países del Asia Central que aborda el trabajo necesitan traspasar el territorio de terceros para exportar su grandes recursos, en particular petróleo, gas y productos agrícolas. Se necesita estabilidad con los vecinos (el terrorismo es una amenaza evidente para los caminos, oleoductos y gasoductos) y seguridad para la explotación con capitales externos o mediante empresas conjuntas.
&Mac183; El Tema de la Droga en Afganistán: Todos las facciones afganas poseen como base de sustentación principal el tráfico de drogas y el contrabando de productos agrícola u otros. Como indican los analistas, la economía de Afganistán se ha “criminalizado”. Ello ocurre porque la agricultura tradicional, que daba empleo al 80% de la población, desaparece por la implantación de nuevos cultivos (amapola para la producción de opio en particular) y los efectos de 22 años de guerra civil. Se acusa a los talibanes de la posesión de la red más efectiva (sobretodo todo por su asociación con los chechenos cuyas redes llegan a Europa y Estados Unidos) pero los valles del norte del país, en donde se asienta la Alianza del Norte, tiene los índice más acusados de la productividad de la amapola.
&Mac183; La Conexión Iraní: Los atentados encuentran al gobierno de Teherán en una posición relativamente precaria: sin relaciones con Washington, mejorando las que tiene con Rusia, combatiendo al régimen de Kabul, oponiéndose a Islamabad, con un escaso intercambio con la India y apoyando a los gobiernos de Asia Central en contra del fundamentalismo islámico sunnita. Patrocina a grupos terroristas en los territorios palestinos (Hamas), en el Líbano (Hezbollah), combate el tráfico de drogas y tiene interés en los recursos del Asia Central por una política de inserción histórica.
&Mac183; El Conflicto India-Pakistán: Los ensayos nucleares de ambos países en mayo de 1998, la invasión del Kashmir-indú entre mayo y julio de 1999 y el desarrollo de vectores capaces de provocar la destrucción de centros nodales del otro, genera un cuadro de tensión entre India y Pakistán. Por lo tanto la proyección del conflicto Afgano a países que poseen una capacidad de destrucción comprobada puede llevar los niveles de la seguridad regional a parámetros desconocidos. El apoyo de Estados Unidos a la India por la invasión en el Kashmir, la crisis económica pakistaní, las críticas al golpe de Estado del Presidente Pervaiz Musharraf y el sostén que presta Islamabad al régimen de los Talibanes le resta sustento al gobierno frente a la comunidad internacional.
&Mac183; El Desafío Estratégico Chino-Ruso: La recomposición de los lazos China-Rusia es un hito de la última década. Rusia apoya política y militarmente a los países de Asia Central en su lucha en contra de los grupos radicales. Tiene intereses de seguridad regionales y además económicos. Ha estrechado los vínculos con Teherán y es el principal sostén político y militar de Nueva Delhi. Apoya a quienes combaten a los talibanes porque éstos, además, alientan a los grupos fundamentalistas de sus provincias del Caúcaso. China aún no tiene problemas serios con su minoría musulmana Uighur de la provincia de Xinjiang. Compite con Rusia por los intereses económicos en Asia Central (necesita petróleo y gas). Su nexo político y militar con Islamabad puede sufrir cambios por el conflicto afgano. Apoya la caída de los Talibanes.
&Mac183; La Conexión Chechena y Dagestán: La insurreción fundamentalista chechena en contra de la autoridad central (con el apoyo comprobado de Kabul), el ataque a la provincia vecina rusa de Dagestán y la intervención de las tropas rusas (provocando la segunda Guerra Ruso-Chechena) genera un cuadro desestabilizador en las márgenes orientales del Caspio, una zona rica en yacimientos petrolíferos y de gas. La conexión del conflicto afgano con los países del Asia Central y la salida de sus productos a través del Caúcaso y el Mar Negro significa que la solución del conflicto afgano modifica los parámetros de esta zona.
&Mac183; La Doctrina Estratégica de Estados Unidos y el despliege en el teatro: El impacto del ataque de Al-Queda y sus consecuencias por el respaldo de los Talibanes pareciera que no tiene una respuesta contundente desde la doctrina estratégica de la superpotencia, el Quadrennial Defense Review 1997 y sus dos Teatros de Guerra, ni desde la política de defensa del Presidente George W. Bush que aporta la controvertida iniciativa de Defensa Antibalística Misilística. La respuesta político-estratégica se construye en definitiva alrededor del viejo concepto de la Estrategia de Respuesta Flexible y militarmente a través de la formulación de una Fuerza de Tarea que reúne tres tipos de contingentes: (1) unidades operativas instruidas y entrenadas para un escenario tipo afgano, ejemplo: la 10º División de Montaña (infantería ligera); (2) unidades operativas de elite, ejemplos: la 82º División Aerotransportada, probablemente la 101º División de Asalto Aéreo, una o parte de una Marine Expeditionary Force (MEF) y unidades de la Fuerza Expedicionaria Aérea; (3) unidades tácticas del Mando de Operaciones Especiales, ejemplos: batallones del 75ª Regimiento de Rangers (comandos), el Regimiento de Aviación 160ª, Grupos de Fuerzas Especiales, Grupos de Guerra Especial (marinos). También es imprescindible la presencia del Ala 16º de las Fuerzas Especiales de la Fuerza Aérea con aviones y helicópteros especialmente equipados para prestar apoyo a todas las fuerzas. ¿Cuál es la maniobra de Estados Unidos?. En primer lugar intenta levantar un “cordón sanitario” en el nivel político, político-estratégico y estratégico alrededor del enemigo. En la segunda fase se atacan de manera conjunta dos objetivos: el núcleo del Estado (edificios públicos, aeropuertos, infraestructura central y otros puntos capitales) y el nivel estratégico de las Fuerzas Armadas afganas con sus centros de mandos y comunicaciones, los puntos endurecidos, centros de defensa aérea, etc. En la tercera etapa se intenta destruir el poder aéreo y terrestre de las Fuerzas Armadas afganas en los niveles operativo y táctico. El cuarto paso involucraría el enfrentamiento con la masa guerrillera de los Talibanes, asumida como la reserva instruida. La fase más avanzada guarda relación con el cerco y aniquilación de Al-Qaeda, grupo bien entrenado y probablemente dotado con tecnología más avanzada. Por razones políticas (buscando el equilibrio entre las fuerzas políticas locales -influenciadas por las etnias- y los gobiernos vecinos) Estados Unidos y sus aliados apoyan con reservas el avance de las fuerzas de la Alianza del Norte sobre Kabul.
Actores y Variables en el Escenario Pos-Atentado (asumiendo el triunfo de la posición de Estados Unidos).-
&Mac183; Afganistán y Estados Unidos: La derrota Talibán provoca el cambio de régimen en Kabul y la pérdida de una base de sustentación capital del fundamentalismo musulmán. Naciones Unidas levanta las sanciones. Dadas las condiciones del flamante escenario el nuevo gobierno Afgano intenta construir un delicado equilibrio ante los intereses de Estados Unidos, Rusia, China y los vecinos regionales de Pakistán e Irán. En Asia Central apoya los planes de inserción regional en la globalización. Washington comprende la importancia de Afganistán para Rusia y China en materias de seguridad y pone énfasis en los aspectos económicos de sus intereses. Cabe la posibilidad que, en virtud de determinados acuerdos políticos acordados en el nivel global, modifique su política hacia Israel y los palestinos.
&Mac183; El Asia Central y la Proyección del Factor Islámico: La caída de los Talibanes, si bien implica una derrota capital en el corto y mediano plazo, no significa necesariamente la desaparición del radicalismo musulmán en el largo plazo como alternativa política en Asia Central. Se mantiene en la medida que persistan las condiciones que posibilitaron su crecimiento: miseria, desigualdades extremas, carencia de educación, gobiernos dictatoriales, etc. Lo que tiende a desaparecer de manera creciente es el terrorismo auspiciado por los grupos radicales. Habría una presión internacional por una mayor institucionalización de los aparatos estatales y privados.
&Mac183; La Atracción de los Recursos Económicos del Asia Central: La gradual desaparición de las inseguridades y el terrorismo regional condicionan un escenario favorable para el inicio de la inversión extranjera en los cinco países y el establecimiento de una relación estable con los organismos financieros internacionales. En definitiva constituye el primer paso para integrar la región en el mercado de la globalización. Los intereses en juego son básicamente energéticos (vastos yacimientos de petróleo y gas en las cercanías del Caúcaso) y algunos cientos de miles de km2 de suelo agrícola. La seguridad es capital para el tendido de oleoductos, gasoductos y la construcción de caminos.
&Mac183; El Tema de la Droga en Afganistán: La desaparición del régimen Talibán debe provocar un cambio en la política afgana sobre el cultivo de la amapola y el combate a la producción del opio y la exportación de la droga. Implica una renovada política agrícola dirigida a recuperar los terrenos perdidos en beneficio de la amapola con el apoyo internacional. En concreto habría que “discriminalizar” la economía afgana.
&Mac183; La Conexión Iraní: La derrota de los Talibanes probablemente favorece al régimen shiita de Teherán: robustecería sus vínculos con Rusia, la situación obligaría a establecer algún tipo de relación formal con Washington (previo abandono de las políticas terroristas en Medio Oriente por un acuerdo macro), mejoraría la complementación con India y China (no tiene nada que perder y mucho que ganar), reestablecería con mayor fuerza una penetración en Asia Central basada en los antecedentes históricos y formalizaría relaciones diplomáticas con Kabul. La incógnita es ¿qué pasará con Islamabad?.
&Mac183; El Conflicto India-Pakistán: La desaparición del actual gobierno de Kabul favorece a India y perjudica a Pakistán. Nueva Delhi reforzaría aún más sus lazos con Moscú, incrementaría los mismos con Washington, cabe la posibilidad que genere un nuevo trato con Teherán, formalizaría relaciones con Kabul y podría servir como base de salida para los productos provenientes desde el Asia central hacia el Indico. El nuevo escenario puede acercar Pekín a Nueva Delhi (con la complicidad rusa y estadounidense). La pregunta es. ¿qué pasará con Islamabad?. A su vez, Pakistán mantendría un bajo perfil en su relación con Moscú, Teherán, Nueva Delhi (en caso de alcanzar un acuerdo en seguridad probablemente impulsado por Moscú y Washington) y debe sobrellevar la desconfianza de Estados Unidos. No tendría una garantía especial para su introducción en los mercados de Asia Central y tampoco se encontraría segura su vinculación histórica de seguridad con China, en los mismos términos por supuesto.
&Mac183; El Desafío Estratégico Chino-Ruso: Ante la situación generada por la subida del nuevo gobierno afgano, Moscú y Pekín entrarían a competir con Estados Unidos (y entre ellos) por los mercados y la explotación de los recursos más rentables de Asia Central. Se entiende que tal escenario únicamente es posible dentro de un marco regulatorio formulado por los mismos actores, vinculado por supuesto a los factores económicos y de seguridad regionales. Tanto Moscú y Pekín retendrían la “iniciativa estratégica” de explotar sus vínculos ya sea con Teherán, Kabul, Nueva Delhi e Islamabad.
&Mac183; La Conexión Chechena y Dagestán: Indudablemente que la desaparición de la base de apoyo prestada por el régimen Talibán erosiona en medida importante la condición insurgente chechena y las capacidades de sus redes de distribución de droga. La posición rusa se fortalece permitiendo, incluso, la materialización de medidas que afecten los derechos básicos de los insurgentes. En tal situación cabe la posibilidad que la comunidad internacional no rasge sus vestiduras.
&Mac183; La Doctrina Estratégica de Estados Unidos: De acuerdo a los resultados experimentados durante el conflicto se reconfigura la doctrina estratégica del país y también las políticas de defensa y exterior del gobierno.
Actores y Variables en el Escenario Pos-Atentado (asumiendo el estancamiento de la ofensiva estadounidense).-
&Mac183; Afganistán y Estados Unidos: Cada día que pasa el régimen Talibán se fortalece con las consecuencias predecibles. Estados Unidos no se retira e intenta levantar un “perímetro sanitario” (político, económico, militar) alrededor de Afganistán.
&Mac183; El Asia Central y la Proyección del Factor Islámico: La expansión del radicalismo musulmán es un hecho mayor, con la posibilidad de acceder al poder –de acuerdo a las circunstancias- en algunos de los cinco países de la zona y la transformación posterior de la región en una usina de combatientes islámicos.
&Mac183; La Atracción de los Recursos Económicos de Asia Central: Sin la desaparición del régimen de Kabul la capacidad de integrar la región a la globalización no tiene futuro y no habría inversión foránea ni apoyo de organismos internacionales.
&Mac183; El Tema de la Droga en Afganistán: Mientras prosiga el combate, se necesita una base de apoyo para sostenerlo. La producción de heroína y su tráfico juegan ese rol para el combatiente afgano. En tal escenario la transformación de la economía en general y la agricultura en particular es insostenible.
&Mac183; La Conexión Iraní: Teherán no resuelve el relativo aislamiento en torno a sus vecinos y las potencias foráneas en su apoyo a la causa anti-Talibán. Se mantendría la situación de “status quo”.
&Mac183; El Conflicto India-Pakistán: La prolongación del conflicto erosiona la institucionalidad interna pakistaní y su relación con Estados Unidos. La eventual transformación de la India en una base externa de apoyo a las fuerzas que se enfrentan a los Talibanes fortalece al gobierno de Nueva Delhi.
&Mac183; El Desafío Estratégico Chino-Ruso: Rusia mantiene un alto nivel de inseguridad estratégica en su frontera sur con peligro de una desestabilización mayor (distrayendo grandes recursos para enfrentar los islámicos) y China puede percibir un signo de rebelión armada de parte de los Uighur.
&Mac183; La Conexión Chechena y Dagestán: No se descarta la victoria de la insurgencia islámica en Chechenia y Dagestán, como en la Primera Guerra Chechena de 1992-1996.
&Mac183; Doctrina Estratégica de Estados Unidos: El empantanamiento de la lucha lleva a sucesivos cuestionamientos y revisiones de la doctrina estratégica, atrapados por factores de la coyuntura en ocasiones y cuyo destino depende de la solución del enfrentamiento.

COMENTARIO FINAL

Dadas las características del conflicto afgano y las consecuencias futuras que se derivan de la consecución de los objetivos, la intervención de Estados Unidos no tiene más que una salida: ganarlo claramente (capturar o liquidar a Osama bin Laden y su grupo, derribar el régimen de los Talibanes y acorralar decisivamente el terrorismo islámico).
A sus enemigos, por el contrario, les basta no perderlo (Al-Qaeda termina sobreviviendo, los Talibanes continúan la resistencia desde sus montañas y las células terroristas islámicas continúan materializando ocasionalmente actos terroristas que afectan a Estados Unidos en particular y la globalización en general).
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