Toda acción de terrorismo es condenable, por una razón de sencilla humanidad, que tiene que ver con la muerte de inocentes que son usados como conejillos de indias para provocar efectos políticos y sicológicos que sean compatibles con los objetivos que quiere instalar un sector minoritario. Ya sean estos de grupos privados así como agentes propios de un Estado.
Es esencialmente un método , que siempre ha estado aislado de los grandes grupos sociales que buscan sus emancipaciones políticas, sociales, económicas, culturales o religiosas. Es un método que ha acompañado a estados que se han impuesto contra sus pueblos para beneficios de grupos de poder minoritarios y excluyentes.
Por eso no nos es ajeno el rechazo a las acciones de tipo terrorista que se emprendieron contra instituciones, personas y lugares el reciente 11 de septiembre en Estados Unidos. Sin lugar a dudas en este aspecto la posición debe ser categórica y contundente.
La cuestión más compleja se nos presenta cuando queremos entrar a un análisis un poco más frío , pasar de los acercamientos fenomenológicos a profundidades hermenéuticas para responder varias preguntas básicas y perentorias que quedan planteadas ante la magnitud e impacto de esas acciones, y que no pueden obnubilarse frente a la tragedia humana y los aspectos emotivos que están legítimamente implicados.
Es justamente un deber y responsabilidad ética y política hacérselas, para tratar de comprender los fenómenos en curso y optar por los caminos que nos permitan salidas basadas en la verdad, la justicia y solidaridad humanas, que resitúe la opción por una civilización humana.
Desde esta perspectiva, queremos plantear los siguientes puntos de reflexión.
A. El carácter del conflicto. Un aspecto determinante es tratar de interrogarnos por lo que está detrás del ataque, aquello que nos puede hablar de las motivaciones más profundas que son capaces de contener la fuerza necesaria para el impulso de tamaña agresión.
De acuerdo a los ingredientes que han constituido estos hechos, que se componen del simbolismo de los objetivos atacados, de la disposición suicida presente en el factor humano así como de su composición religiosa y étnica, de la racionalidad implícita de la operación y de los hasta ahora supuestos autores intelectuales, se pre figura un cuadro muy complejo.
Desde nuestro punto de vista aquí se ha puesto al centro una forma extrema de cuestionamiento a un determinado modelo de globalización que está en pleno desarrollo, que se ha caracterizado por ser un proceso contradictorio, por cuanto por una parte integra y por la otra desintegra, incorpora y a la vez marginaliza, produce crecimiento y a su vez mucha pobreza, amplía y segmenta, homogeniza y tiende a destruir identidades particulares. Un proceso que quiere ser llevado hasta el borde, donde exista una frontera que delimite un interior y un exterior. Un interior integrado aún en las precariedades y un exterior absolutamente marginalizado, pero expoliado, y sobre todo anulado en su faceta cultural-identitaria. Un proceso que en su camino va consagrando zonas ganadoras y zonas perdedoras (dentro del cual están todas las pobladas por el islamismo), dependiendo de los intereses de los sectores hegemónicos.
Nos encontramos frente a un mundo en que las 356 personas más ricas disfrutan de una riqueza que corresponde al que poseen el 40 % de la humanidad; que el 60 % de la población nunca ha hecho una llamada por teléfono, que un tercio de la población no tiene electricidad, que 1.000 millones de personas no tienen empleo o están en el subempleo, que hay 850 millones de desnutridos, cientos de millones no tienen agua potable, que la mitad de la población está excluida de la economía formal, en que se tiende a eliminar la diversidad e identidad cultural. Esta es la realidad patética que no se transmite y no se comprende. De aquí surge el llamado de Jeremy Rifkin para considerarlo, si no lo hacemos, los extremistas seguirán proliferando. La marginación y la pobreza abyecta conducen a la desesperación, y ésta es, en última instancia, el caldo de cultivo de los movimientos extremistas, tanto si son de naturaleza religiosa, étnica o política. 1
Un opción globalizadora que ha tenido en lo político y militar un dominio avasallador de la potencia unipolar que asoma una vez colapsado el mundo bipolar, que se lleva tras de sí al otro eje articulado en torno a la Unión Soviética. La consolidación de esta potencia unipolar, le incorpora al proceso mundial características de agresividad, arrogancia, unilateralismo que producen la identificación natural del proceso general con la potencia en particular. Tal cual lo manifiesta la propia Susan Sontag en un artículo para Le Monde: Ninguna de esas voces, reconoció que no se trató de una cobarde agresión contra la civilización, la libertad o la humanidad, ni contra el mundo libre, sino una agresión contra Estados Unidos, superpotencia mundial autoproclamada, una agresión que es consecuencia de ciertas acciones y de ciertos intereses norteamericanos. 2
Más aún cuando las experiencias de esta década han marcado las intervenciones militares sin contrapeso de los representantes de este modelo globalizador, que han actuado en realidades geográficas, económicas y culturales tan disímiles, que son justamente esas zonas oscuras de la globalización. Allí están las experiencias de Irak, Somalia y Kosovo, la opción expresa por la postura israelí en el conflicto con el mundo palestino, los ataques a Afganistán y Sudán, la larga controversia con Libia, la estigmatización de estados parias para un conjunto de países con potencial nuclear y adversarios políticos de Washington, etc.. Fenómeno al cual se le podría agregar las penosas experiencias de nuestros pueblos latinoamericanos con las doctrinas de seguridad nacional y Tratados de seguridad hemisférica que nos alineaban a una política exterior norteamericana que tuvieron que pagar las grandes mayorías oprimidas por dictaduras militares.
Tal cual lo plantea el académico estadounidense Robert Jensen, de la Universidad de Texas-Austin: Pero este acto no ha sido más despreciable que las masivas formas de terrorismo homicidio deliberado de civiles con fines políticos- que el gobierno de los EEUU ha cometido durante mi vida. Por más de cinco décadas, en todo el Tercer Mundo, los EEUU han atacado deliberadamente a civiles o han realizado actos de violencia tan indiscriminados que solo pueden calificarse de terroristas. Y además ha dado su apoyo a actos de terrorismo similares realizados por sus estados satélites. 3
Desde la misma óptica el cientista político Benjamin Barber en su libro Yihad versus MacWorld, dice: La Yihad escribe Barber, que aclara que utiliza el término en sentido metafórico, más que como referencia a un fenómeno de Oriente medio es una respuesta virulenta al colonialismo y el imperialismo y a sus vástagos económicos, el capitalismo y la modernidad. El Mundo, definido en gran parte por la imaginación de Hollywood, es básicamente norteamericano e infantil.
Es por tanto fundamental, en medio de la crisis, preguntarse por las causas más profundas que subyacen en estas acciones, porque las respuestas que de allí emanen están en directa relación con los tipos, alcances y contenidos de las acciones a emprender por la comunidad internacional. Este desafío le compete con mucha fuerza a los propios liderazgos políticos de Estados Unidos, tal como lo plantea el propio Robert McNamara, quien también jugó un papel destacado en otra crisis de magnitud de la política exterior norteamericana, quien reconoce que es esencial que Estados Unidos se proponga seriamente examinar por qué esas personas, estaban dispuestas a hacer el extraordinario esfuerzo de preparar un ataque tan diabólico y brillante y sacrificar su vida.
B. La respuesta de Estados Unidos. Otro gran tema de fondo tiene que ver con el carácter de la respuesta de Estados Unidos a los ataques terroristas. Aquí podemos identificar la construcción de una triple escalada, las dos primeras simultáneas y complementarias para la efectiva realización de la tercera.
La primera es la escalada emotiva que tiende a poner al centro el impacto humano de la tragedia, a concentrarla esencialmente en las Torres Gemelas de Nueva York que tiene características civiles, mayores víctimas y registro visual del atentado. Está al centro la sensibilización con respecto al enemigo y la victimización del modelo norteamericano.
La escalada política tiene como objetivo central la cohesión política e ideológica, que permita la instalación de un enemigo y de un concepto muy amplio, que sea coherente con intereses estadounidenses de corto y largo alcance. Los esfuerzos han estado concentrados en las instancias regionales sobre las cuales se tiene mayor influencia y además susceptibilidad de encontrar los apoyos materiales para el tercer nivel.
Un papel clave aquí lo han jugado los conceptos duales, excluyentes, que tienden a instalar una base sobre la cual se operan y promueven las definiciones de los miembros de la comunidad internacional para el apoyo al uso de la fuerza y , por el otro lado, se aisla al enemigo para dejarlo en la posición más débil posible.
Desde las primeras declaraciones de George Bush exigiendo que los países se pronunciarán si estaban a favor o contra ellos; que el conflicto era entre el bien y el mal, Dios y Satán, entre la civilización y la barbarie; que Dios estaba de su lado, que esta era una cruzada por la civilización.
Como claramente lo expresó Bush: Una lucha monumental del bien contra el mal. Los enemigos no podrán esconderse para siempre. Creen que están a salvo en lugares que los acogen, pero no lo estarán para siempre. 4
Desde esta óptica se reducen las posibilidades de maniobra para apoyos críticos y se buscan las mayores incondicionalidades, que no tienen otro efecto que una acentuación de la hegemonía estadounidense y la imposición absoluta y total del modelo, pero esta vez castigando en forma ejemplar a quien ose levantar una voz de disidencia. Más aún cuando el cúmulo de información tiende a concentrarse en un modo cultural-civilizatorio completo, como lo es el islamismo, que se presenta como el peligro actual para la occidentalización global que impulsa Estados Unidos, y que reactualiza como profecía autocumplida el concepto de choque de civilizaciones de Samuel Huntington.
Como lo ha planteado Humberto Eco, esta llamada a la cruzada es demencial y el mayor error que puede cometerse: Una cruzada sería peligrosa, porque el error es confundir fundamentalismo y terrorismo con islamismo. 5
En este ámbito están las dos estrategias desarrollándose. Por una parte la de Colin Powell en el ámbito internacional que tiene por objetivo cumplir un trabajo diplomático en tres etapas:
- Recabar el apoyo del mayor número de países
- Justificar ante la opinión pública la necesidad de una operación bélica
- Ampararse en la legislación internacional.
Por otra parte está, en forma complementaria, la estrategia de Donald Rumsfeld, que se concentra en el ámbito interno para dar las confianzas necesarias y poder supeditar la campaña militar a la acción diplomática:
- Fortalecer la confianza entre el pueblo de Estados Unidos y los ejércitos del país.
- Trabajar en la defensa del pueblo estadounidense y la de sus aliados contra las crecientes amenazas.
- Crear la fuerza militar del Futuro.
La escalada final es la de la fuerza, cuyo objetivo central es el golpe más profundo y en toda la línea del enemigo identificado y declarado. Es una condición del éxito, ya que a su vez esta operación tiene que contar con una triple exigencia: detención y/o eliminación del objetivo principal, sin bajas estadounidenses y sin bajas civiles de la población atacada.
Hasta ahora la tendencia del carácter de la respuesta estadounidense se ha centrado en el plano de la fuerza militar, incluso definiéndola como la primera guerra del siglo XXI, con un soporte privilegiado en las labores de inteligencia.
En este aspecto puede haber cambios drásticos de los mecanismos usados y los impactos sobre el conjunto de derechos ciudadanos. Así lo expresó John Ashcroft, Fiscal General de la Nación: Necesitamos todas las herramientas que estén disponibles para minimizar las posibilidades de nuevos actos terroristas. 6
Los mecanismo de tener acceso a diálogos telefónicos, al movimiento de los usuarios de la Internet y a registros de tarjetas de créditos, entre otros. Desde la Fiscalía se urgió a los legisladores a aprobar paquetes de medidas que el Departamento de Justicia propone contra el terrorismo.
Pero no se descarta que la magnitud y los alcances de ésta puedan ser mayores al castigo de los directamente involucrados, y englobando, por lo tanto a la otra definición que ha acompañado al proceso de identificación, como es el de países que protejan, ayuden o avalen actos terroristas.
Desde esta perspectiva no es descartable que en la lógica impuesta por Estados Unidos el conflicto adquiera características tradicionales inter estatales. Un funcionario del gobierno estadounidense afirmó que la etapa inicial del ataque contra el terrorismo estará dirigido contra Osama y su red en Afganistán, pero que la escalada y el momento de la siguiente etapa, más amplia, no ha sido decidida. Igual que lo planteado por Richard Armitage, subsecretario de Estado que dijo que Estados Unidos prepara ...una guerra mundial contra el terror que no termina en Afganistán. 7
Hay que recordar que en la lista de Bush acerca de los terroristas y quienes los acojan y cobijen están los países de Irán, Irak, Siria, Libia y Afganistán.
En el mismo tenor, pero con declaraciones aún más peligrosas, fueron las del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld quien manifestó que Bin Laden no actuó solo, No hay ningún medio en el mundo que permita a una red funcionar sin el apoyo de un Estado, empresa u organización no gubernamental. 8
Del mismo modo no descartó la posibilidad de recurrir al uso de armas nucleares en el conflicto contra el terrorismo.
Claramente la instalación de un tipo de respuesta en estos niveles acrecientan las certezas de los diagnósticos sobre la agresividad del poder unipolar, y la peligrosidad a la que nos puede conducir la lógica de la violencia y las reacciones en el mismo registro estrictamente de lo militar, que lleva a una situación límite a la especie humana en las posibilidades de convivencia pacífica y tolerantes.
Así lo plantea Rifkin: ...tendremos que ser igualmente atrevidos y unánimes en nuestra determinación para mantener el espíritu democrático de apertura y tolerancia y para abordar las injusticias económicas que permiten que florezcan los pensamientos extremistas y el terrorismo. Esta segunda iniciativa es la única forma de garantizar realmente que el terrorismo sea definitivamente derrotado a largo plazo. 9
C. Concepto de terrorismo. Uno de los componentes más determinantes en la estrategia norteamericana es la imposición de un concepto, que sea inequívoco en el rechazo automático que produce, y que sea omniabarcador para su posible uso en realidades y contextos distintos, siempre sujetos al interés de corto y largo plazo de Estados Unidos.
Este papel lo ha jugado el concepto de terrorismo. Porque evidentemente produce un rechazo natural a propósito del significado del que da cuenta. Es el horror que provoca la muerte de inocentes en circunstancias cotidianas.
El problema que hoy se plantea, a propósito de lo abusivo del uso, es que no tiene límites ni significante específico. Con el concepto terrorismo se está identificando tanto una metodología de acción, como grupos específicos (esencialmente de origen islámico), pero con la tentación que se pueda prestar para intereses aún más mezquinos de política interior, como de hecho sucedió con la declaración de Ariel Sharon sobre Yaser Arafat, de Putin sobre el movimiento independentista checheno, la que ya existe sobre las FARC colombianas, la que se han usado contra movimientos indigenistas y las que incluso se han usado contra los grupos civiles antiglobalización, entre otros ejemplos.
Un actitud interna a Chile en este sentido se vivió recientemente con la UDI, que en una reunión con la Canciller Soledad Alvear, le pide al gobierno saber que pasará en el marco interamericano con el gobierno de Cuba y Venezuela que protegen a terroristas y tiene relación con países como Libia e Irak. 10
El propio gobierno de Estados Unidos, a través de sus agencias de inteligencia, tiene elaborada una lista oficial de organizaciones terroristas extranjeras y se espera que dentro de estos días el presidente Bush firme una orden ejecutiva en la que nombrará a terroristas y grupos terroristas específicos.
Hay que recordar que sobre este tema, ni las Naciones Unidas han podido llegar a un concepto unívoco para identificar y catalogar al terrorismo, debido justamente a la peligrosidad que conlleva determinaciones tan tajantes y amplificadas.
El asunto no es desconocer que los atentados en Estados Unidos son efectivamente terroristas, sino en los alcances que de ese se quieren sacar para deslegitimar grupos y acciones de diverso origen y objetivos antisistémicos.
D. Concepto de Seguridad. Uno de los aspectos que han adquirido mayor centralidad a propósito de esta crisis, tiene que ver con las concepciones y modelos de seguridad vigentes.
Se ha manifestado que la efectividad de las acciones de terrorismo son una muestra de las falencias en aspectos de seguridad particularmente en la prevención y detección, por lo tanto en las tareas de la inteligencia. Por otra parte una lectura reduccionista de las nuevas amenazas que se venían identificando hace un tiempo en los distintos análisis que provenían de los estudios de seguridad y defensa. También una evaluación insuficiente en la conceptualización de las amenazas asimétricas y las potencialidades de éstas en inflingir daños.
La tendencia dominante de los análisis se mantenían en las amenazas interestatales, e incluso existía una definición de estados parias, para aquellos adversarios de la política estadounidense con cierta capacidad de armamento nuclear ( Libia, Corea del norte e Irak), pero además en un segundo plano se mantenía la lectura sobre potencias mayores como Rusia y China. En esa dirección estaban concentrados los esfuerzo del Escudo Antimisiles y las innovaciones en sistemas de armas estratégicas.
Consecuente con estas lecciones sacadas de la experiencia traumática, las decisiones se han orientado al combate al terrorismo a escala global y poniendo énfasis en las tareas de inteligencia y las represalias en la logística esencial, que estarían constituidas por los ingentes recursos financieros que se proveen los grupos terroristas.
Es en definitiva el predominio de un tradicional concepto de seguridad que solo modifica sus énfasis. Del uso de la fuerza convencional a las labores de información e inteligencia, con represalias que tienen incorporadas el uso de la fuerza para conflictos territoriales y formales (fuerza contra fuerza).
Nuestra lectura es que justamente estas acciones terroristas han puesto en cuestión una visión unilateral de la seguridad. Los principales temas de inseguridades tienen que ver con amenazas y riesgos que son transnacionales, no fronterizas, no convencionales y de amplio espectro. Por lo tanto la búsqueda de las soluciones tienen que ver con respuestas integrales, tanto en los actores involucrados, como las formas de implementación y los contenidos esenciales. Para este tipo de conceptualización se requiere ampliar desde el sujeto tradicional estatal a otros sujetos societales, tanto individuales como colectivos, tanto nacionales como internacionales. Las formas que primen deben ser especialmente cooperativas e integradoras, en escalas globales, regionales y subregionales, guardando las particularidades respectivas para cada ámbito. En cuanto a los contenidos esenciales, es donde se requiere de los mayores aportes, para integrar en forma coherente y sistemática aspectos estructurales que van desde la defensa propiamente tal, hasta los desarrollos económicos, sociales, culturales y radicalidad democrática.
No se pueden seguir enfrentando estos nuevos desafíos instalados con viejos esquemas que son maquillados con remozadas texturas.
Se requiere un compromiso ético y político para enfrentar esta nueva demanda, teniendo presente tanto los beneficios nacionales como los de la comunidad global.
E. Escenario Internacional. El principal desafío que nos queda planteado al conjunto de la humanidad, tiene que ver con el mundo que queremos construir. Hay que detener la tendencia hegemónica unilateral que ha venido sosteniendo la política exterior estadounidense, que consagra su rol de potencia unipolar agresiva y arrogante. Hay una larga lista de antecedentes que últimamente se remiten al desconocimiento de la Corte Penal Internacional, a la no ratificación del Tratado contra la proliferación de armas biológicas, al retiro del Acuerdo de Kyoto sobre protección ambiental, al abandono del Acuerdo sobre Misiles Balísticos de 1972 con la Unión Soviética y la imposición de Escudo Antimisiles, al retiro de La conferencia Mundial contra el racismo. Todos ejemplos de la escuela más realista que se basa en el exclusivo interés unipolar, que tiene sus máximos exponentes en la mayoría de los asesores y conductores políticos de la administración Bush.
Pero este retiro de los asuntos más importantes para el conjunto de la humanidad, que no engarzan con el llamado interés norteamericano, tiene una lectura reversa y consiste precisamente en las intervenciones militares en distintas zonas del mundo (léase recientemente Irak y Kosovo), en presiones económicas para acuerdos multilaterales ( como el caso del ALCA), en el apoyo unilateral a bandos en conflictos de larga data ( como el caso palestino-israelí), y la imposición de medidas de sanciones unilaterales.
Lamentablemente, las primeras reacciones de la comunidad internacional frente a los atentados ha sido la mezcla de un legítimo rechazo acompañado de una apoyo irrestricto a los llamados maniqueos del gobierno de Bush, que se han traducido en diferencias taxativas entre conceptos duales, como: están a favor mío o en contra; sumarse a la lucha del bien contra el mal; Dios está del lado nuestro, etc..
En este sentido no nos sorprende que Estados Unidos no haya recurrido a las Naciones Unidas para identificar exactamente los atentados terroristas y acordar una política adecuada, que tuviera que ver con establecer la verdad y hacer justicia ( sería bueno recordar que Estados Unidos ha rechazado la solicitud de pruebas contra Osama Bin Laden que pidieron los Talibanes), en vez de los conceptos de represalias, invasiones y castigos.
Ya lo había planteado la asesora Condoleezza Rice, cuando dice que Estados Unidos tiene derecho a defenderse y no necesita aprobación de la ONU para su respuesta, El derecho a la autodefensa es reconocido por la ONU y no considera que Estados Unidos requiera ninguna otra autorización para actuar en su propia defensa. 11
Claramente estuvo en la retina de los asesores las medidas de contención que realizó la ONU ante la invasión de Irak, que no permitió que se apartaran de las resoluciones y produjeran modificaciones políticas en el gobierno iraquí.
Por lo tanto, hoy ha tenido un cambio en su accionar y la tendencia ha sido acudir a los mecanismos regionales ( que tienen coincidencia con los Comandos Unificados Territoriales de Estados Unidos) como la OTAN y el TIAR.
Incluso este último ha generado una gran sorpresa ya que había sido desechado hace menos de un mes por varias opiniones de conductores políticos latinoamericanos, encabezados por el gobierno mexicano al cual se había sumado el chileno. Más sorprendente aún cuando ha sido Argentina el principal motor de reactivación, el mismo que vivió las consecuencias de la inoperancia de éste en el caso del conflicto de Las Malvinas, y donde Estados Unidos se alió expresamente con la potencia militar extra continental.
Un fantasma del realismo hipócrita se ha apoderado de la escena mundial. A lo ya planteado del TIAR, se suma el aceleramiento del ingreso de China a la OMC, el levantamiento de las sanciones económicas a India y Pakistán, el acuerdo de las bancadas parlamentarias norteamericanas para autorizar a Bush las negociaciones económicas fast track con los países latinoamericanos, la presión a Israel para lograr acuerdos con Palestina, e incluso la posibilidad de negociar algún acuerdo con Irak.
Todo en la lógica de desactivar problemas focalizados que permitan la concentración de esfuerzos en el golpe principal, de sumar aliados a su política de fuerza, de tener un arco político lo suficientemente amplio para el éxito total de su misión. Desde la otra parte la posibilidad de adquirir pequeños beneficios en base a la razón de estado del interés nacional.
Bien vale la pena recordar que la participación en un sistema internacional realmente existente, se comprende de un doble esfuerzo. Tanto se le pide a éste, como cuanto se le da a éste. Tal cual lo plantea el propio William Cohen, ex Secretario de Defensa de Estados Unidos, en cuanto que la respuesta a lo impensable estaba en la cooperación internacional.
La posibilidad de rearticular un sistema internacional con un componente esencialmente democrático, participativo, tolerante y justo es una de las oportunidades que nos ofrece esta crisis. Esto depende esencialmente del conjunto de países, de seguir fortaleciendo los avances de las normativas, acuerdos y declaraciones de fortalecimiento de las democracias, de las zonas de paz, de las cooperaciones, de las integraciones y de mecanismos participativos de resolución de los conflictos.
No más mundos bipolares o unipolares, sino un concierto de países que comparten sus propios intereses particulares con un interés global por la humanidad.
En esta dirección no estaría de más reflexionar lo que nos plantea Savater: El Estado de Bienestar no es un error que debe ser descartado para agilizar la especulación bursátil y la maximización de beneficios, sino un proyecto que tendría que aspirar a su verdadera escala planetaria para salvar lo mejor de una civilización humanista. Y ello, precisamente, no en nombre de la retórica Utopía, sino de un verdadero realismo político. Porque no es realista suponer que nadie podrá vivir realmente seguro en un mundo en el que la codicia no tiene frontera pero la justicia la encuentra a cada paso. 12
NOTAS
1. Opinión de Jeremy Rifkin ( Director de Foundation on Economic Trends, Washington DC) en el diario El País de España, el 22 de septiembre de 2001. Volver
2. Artículo de Susan Sontag para Le Monde que se publica en El Mercurio del 23 de septiembre de 2001, pág. E-13. Volver
3. Recogido en la red del CEHU, centro de Estudios Humboldt, Argentina. Volver
4. Discurso de Bush, recogido en El Mercurio, 12 de septiembre de 2001, pág. A-4. Volver
5. Declaraciones de Humberto Eco al diario alemán Frankfurter Rundschau, citado en El Mercurio del 23 de septiembre de 2001, pág. C-10. Volver
6. Declaración recogida en El Mercurio del 21 de septiembre de 2001, pág. A-5. Volver
7. Declaración recogida en El Mercurio del 21 de septiembre de 2001, pág. A-4. Volver
8. Declaraciones publicadas en El Mercurio del 24 de septiembre de 2001, pág. A-4. Volver
9. Opinión de Jeremy Rifkin ( Director de Foundation on Economic Trends, Washington DC) en el diario El País de España, el 22 de septiembre de 2001. Volver
10. El Mercurio, 27 de septiembre de 2001, pág. C-3. Volver
11. Entrevista publicada en El Mercurio, el 24 de septiembre de 2001, pág. A-4. Volver
12. Opinión en el diario El País, España, del 13 de septiembre de 2001. Volver