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ESPECIAL

EL CABALLO DE TROYA Y LA GUERRA TOTAL

por Raúl Benítez M.

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El gran teórico prusiano de la guerra, Karl von Clausewitz, escribió a inicios del siglo XIX su teoría de la “guerra total”. Señalaba que dos fuerzas, en ese caso naciones, ponían todos sus recursos para vencer al enemigo. Guerra total significa poner la economía, la política, los valores nacionales, toda la población, articulada y motivada para vencer. Estados Unidos está en guerra total. El 90 por ciento de la población aprueba ataques contra el objetivo señalado: Osama bin Laden y Afganistán.

Entre los paradigmas de Clausewitz está el que señala que la guerra es la continuación de la política por otros medios. En este caso, Estados Unidos está empleando ese paradigma, ya que sus valores, sus principios, su política, sus doctrinas de guerra, forman parte del bagaje conceptual occidental, que en términos militares se sostienen en las teorías de Clausewitz.

Lo preocupante de lo anterior es que cuando se pone a un país en situación de guerra total, los recursos estratégico-militares, sus armas más poderosas, pueden ser usadas contra el enemigo. En la confrontación bipolar de la guerra fría, las armas nucleares fueron un recurso de disuasión, porqué el enemigo tenía armamento similar y podía usarlo.

Afirmar premeditadamente que Estados Unidos va a usar armas nucleares, de neutrones, químicas o bacteriológicas contra bin Laden o Afganistán puede ser una exageración, pero hoy por hoy no puede salir esa opción del abanico de posibilidades militares. Sobre todo si esas armas se usan debido a que las convencionales pueden llevar a la muerte a muchos soldados y la guerra se puede empantanar.

En el caso de bin Laden y el fundamentalismo islámico, también están en guerra total contra occidente, pero no es la guerra la continuación de la política por otros medios. Su axioma guerrero se sostiene en un concepto medieval: la guerra es la continuación de la religión por otros medios.

Esto lleva a una confrontación no de personas, soldados o posiciones políticas: la confrontación es total porque es civilizatoria, del todo o nada, y los soldados islámicos pertenecientes a los grupos terroristas partes del suicidio como la mejor arma, pues entregan su vida con valor para su causa. Están consagrando su fidelidad a su dios todopoderoso.

Otro de los factores de la teoría de Clausewitz es el factor tiempo: a Estados Unidos le urge demostrar a su población y al mundo que son la potencia hegemónica del planeta y que nadie puede atreverse a tocas su territorio. Bin Laden rompió el desafío de la impenetrabilidad de Estados Unidos. Bin Laden no tiene prisa en preparar sus ataques.

El Caballo de Troya, viejísima estrategia militar, fue usada magistralmente contra Estados Unidos. Los terroristas ingresaron a su territorio sin ser detectados, emplearon sus propias armas, las que menos se imaginaron los estrategas militares y de inteligencia, los aviones civiles, y el poder de fuego fue equivalente al de una poderosa arma convencional. Esto es lo que le duele a Estados Unidos. El gigante está herido en el lugar más doloroso: en el orgullo.

Ambos contendientes, en la guerra que ya inició, van a emplear el arma más fina de la guerra: la fuerza moral de sus ejércitos. En el caso de Estados Unidos, su posición defensiva lo lleva a que toda la población esté detrás del esfuerzo bélico. El presidente Bush no tendrá problemas para aumentar impuestos si fuera necesario, o reclutar jóvenes, o incluso, lo más grave, emplear sus armas estratégicas. Tiene legitimidad para hacerlo, tiene un cheque en blanco que se lo dieron los propios terroristas, y el mundo lo está apoyando.

La comunidad internacional, que ante cualquier otra circunstancia reprueba la guerra y condenaría el empleo de las armas de destrucción masiva o de alta tecnología, como las estratégicas, por el alto impacto contra la población civil, la destrucción del ambiente, y lo inhumano de usarlas, hoy por hoy no tiene mucha opción más que sostener que Estados Unidos tiene derecho a la legítima defensa.

Lo más grave es que Estados Unidos no ha tenido suerte cuando se enfrenta a enemigos no convencionales, como lo fueron los guerrilleros vietnamitas, que están dispersos en muchos teatros de operaciones. Los terroristas islámicos dieron un paso mucha más audaz que los vietnamitas: su principal teatro de operaciones es el territorio de Estados Unidos, y emplean armas difíciles de imaginar, contra objetivos difíciles de predecir. En eso van a tener cierta ventaja militar los terroristas islámicos si es que tienen capacidad de respuesta a la escalada de Estados Unidos que está por iniciar.

Estados Unidos nunca ha combatido una guerra santa, éste es un gran desafío. Sus sistemas de inteligencia están vueltos locos, pues estuvieron muy bien preparados para combatir al socialismo, pero tienen mucha menos capacidad de detectar enemigos entre poblaciones sumergidas en cuevas, cuyos sistemas de reclutamiento pueden estar en los millones de mezquitas. Saber qué sacerdote recluta terroristas islámicos, y luego lo envía a un campo de entrenamiento será un gran desafío.

Apenas inicia está guerra contra un enemigo totalmente nuevo. Faltan muchas preguntas, sobre todo el nivel de amenaza para países aliados de Estados Unidos, como México, sin embargo el desafío está a la vuelta de la esquina y van a comenzar dentro de muy poco los ataques.

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