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El comentario aborda una arista del carácter anacrónico y desfasado que aún exhibe el Sistema Interamericano de Seguridad, basado en la red de acuerdos político/militares que despliega el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproco (TIAR) desde 1947 a la fecha. Un atributo controvertido que puede identificarse en su origen con el pensamiento de Robert McNamara[1] cuando se refiere en julio de 1962 a la relación asimétrica y privilegiada que disfruta el Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DoD) con las Fuerzas Armadas de América Latina durante la Guerra Fría: “Probablemente el mayor rendimiento de las inversiones en ayuda militar proviene del adiestramiento de oficiales seleccionados y especialistas en nuestras academias militares o centros de instrucción en Estados Unidos o ultramar. (…) Son los líderes del futuro, los hombres que dispondrán de pericia y la impartirán a sus Fuerzas Armadas. No es necesario que me detenga a explicar el valor que tiene en disponer en cargos de dirección de sujetos con un conocimiento de primera mano de cómo los norteamericanos piensan y actúan. Para nosotros no tiene precio de hacernos amigos de tales hombres”.
Hoy los desafíos centrales y comprensivos en materia de la formulación de entornos seguros sobrepasan con mucho las respuestas militares que produce el Sistema Interamericano de Seguridad, como lo indican los resultados de la Conferencia Especial de Seguridad de las Américas, organizada por la Organización de Estados Americanos en octubre del 2003. Sin embargo, el añoso modelo no deja de otorgar un status descollante a las Fuerzas Armadas latinoamericanas en la medida que prosigue generando canales privilegiados de interacción entre ellas y el DoD, configurando espacios formales e informales de influencia política en el marco de una dependencia inevitable y una suerte de subordinación cuyos límites hay que precisar en el curso de la materialización de entrenamientos y ejercicios militares multilaterales o bilaterales, reuniones, visitas y consultas.
Observemos las numerosas y amplias iniciativas que materializa la red del Sistema en lo que toca a la relación entre Chile y Estados Unidos, a partir de lo que señala el Documento Informativo del 8 de Noviembre de 2006 de la Embajada de EEUU, “Cooperación militar y de seguridad entre Chile y Estados Unidos de América”.
Entrenamiento y Ejercicios Militares
En septiembre de este año, 135 cadetes chilenos de la Escuela Militar recibieron entrenamiento en Fort Benning, Georgia.
El Ejército y el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos impulsan programas de intercambio de pelotón con sus contrapartes chilenas.
Para aumentar su preparación e interoperabilidad, las fuerzas armadas chilenas participan en una amplia gama de ejercicios con las ramas militares estadounidenses y de otros países: 1) PANAMAX, un ejercicio al que concurren cerca de 20 países y cuyo objetivo es la interdicción marítima y mantener la seguridad del Canal de Panamá; 2) UNITAS, un despliegue anual para apoyar la estabilidad regional en el hemisferio occidental; 3) PKO South, ejercicio destinado a mejorar la coordinación y la cooperación entre los militares y las organizaciones gubernamentales, no gubernamentales e internacionales, en las misiones de mantenimiento de la paz.
Carabineros participa en las Fuerzas Comando, un ejercicio anual destinado a aumentar la cooperación multinacional y regional en la lucha contra el terrorismo.
Chile participa en todos los principales ejercicios auspiciados por el Comando Sur, co-auspiciando frecuentemente los ejercicios y actuando como anfitrión.
Desde hace varios años, EEUU trabaja estrechamente con Chile en programas y ejercicios de desminado humanitario. El más reciente se efectuó entre agosto y septiembre de 2006.
Más de 100 chilenos viajan cada año a los Estados Unidos para participar en programas de educación y entrenamiento financiados por el Programa de Educación y Entrenamiento Militar (IMET).
Especialistas civiles y militares en temas de defensa y seguridad participan en cursos de alto nivel sobre Seguridad y políticas de Defensa ofrecidos en el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa y el Centro Asia Pacífico para Estudios de Seguridad, de la Universidad Nacional de la Defensa de Estados Unidos.
Durante varios años, oficiales de las FFAA de EEUU han asistido a universidades civiles chilenas, financiados por becas ofrecidas por la Fundación Olmstead.
La Fuerza Aérea, Marina, Ejército e Infantería de Marina de EEUU mantienen a oficiales y funcionarios que realizan labores de intercambio académico, militar y profesional en Chile, durante extensos períodos: 1) la Marina dispone de un oficial de guerra, un aviador, un oceanógrafo y un civil destacados en Valparaíso; 2) el Cuerpo de Infantes de Marina tiene un oficial y dos integrantes de sus filas en el área de Valparaíso; 3) la Fuerza Aérea tiene un oficial médico en el Hospital FACH en Santiago, en tanto, un piloto instructor y un oficial de manutención de los F-16 están destacados en Iquique; 4) el Ejército mantiene en Santiago a un oficial de intercambio en el Comando de Institutos y Doctrina del Ejército; 5) oficiales estadounidenses estudiaron en las Academias de Guerra de la Armada y la Fuerza Aérea de Chile.
Otros militares chilenos ocupan puestos claves en organizaciones militares estadounidenses para aumentar la cooperación en seguridad bilateral: 1) oficiales de enlace chilenos ocupan oficinas centrales del Southcom, Navy South, Air Forces South y Fleet Forces Command; 2) la FACH tiene oficiales estacionados en las bases Wright-Petterson (Ohio) y Hill (UTA), de manera de facilitar la adquisición y el apoyo logístico para los aviones F-16 y sus sistemas asociados; 3) los oficiales que ocupan el puesto de vice-comandante y el puesto de comandante sargento mayor del Instituto de Seguridad del Hemisferio Occidental del Ejército de los Estados Unidos (WHINSEC) son chilenos.
Reuniones, visitas y consultas
La visita de la Ministra de Defensa de Chile, Vivian Blanlot, a fines de julio de 2006, al Departamento de Defensa en Washington DC.
Chile y Estados Unidos están desarrollando una relación de intercambio de información científica y tecnológica en los aspectos vinculados a la Defensa.
Existe una agenda activa de reuniones y visitas de líderes militares del más alto nivel que incluye: 1) las conversaciones de la Comisión Consultiva que fueron revitalizadas en 2006; 2) las conversaciones 2006 del Estado Mayor Conjunto fueron programadas para realizarse entre el 13 y el 16 de noviembre, en Washington DC; 3) se están desarrollando conversaciones entre las Fuerzas Armadas, a nivel del personal y aspectos operacionales; 4) desde noviembre de 2005, Chile ha sido el anfitrión de dos visitas del comandante del SOUTHCOM, dos visitas del Comandante del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, una del Jefe de Operaciones Navales y una del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos; 5) el general Peter Pace, Jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, se reunió recientemente con el almirante chileno, Jorge Huerta, quién visitó el Pentágono y el Comando de las Fuerzas Conjuntas.
La visita a Chile, a comienzos de noviembre 2006, del doctor Craig A. Deare, decano de asuntos académicos del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa, de la Universidad Nacional de Defensa. En su calidad de experto y líder en temas de Seguridad internacional, Deare ofreció conferencias, seminarios y entrevistas de prensa en conjunto con la ANEPE y otras instituciones académicas chilenas.
Califico el modelo de seguridad interamericano como un espacio de influencia política privilegiado porque un ente latinoamericano que, en último término, responde a una lógica de subordinación a la autoridad política de su país y forma parte de la institucionalidad de cada Estado (como son las Fuerzas Armadas), establece desde los orígenes del Sistema una relación singular y casi directa con una agencia del gobierno de Estados Unidos, vinculación que no existe, para bien o para mal, entre dicho gobierno y algún otro ente latinoamericana, ya sea político, ambiental, económico, cultural o social.
Estimo que tal modelo constituye un espacio de influencia política anómalo porque su vinculación con el gobierno de Estados Unidos se manifiesta en un contexto de evidente asimetría, dependencia y subordinado a los intereses de la gran potencia como lo indica la historia en casos puntuales. El punto a investigar es si la influencia política puede entenderse sólo desde el norte hacia el sur o también a la inversa, en la medida que uno o más actores latinoamericanos, presumiblemente concertados (individuos, corrientes de opinión, grupos, instituciones), soliciten al DoD una acción punitiva sobre alguna conducta que en el marco de la política exterior estadounidense afecte los intereses de América Latina según el criterio de tal o tales actores.
En tal complejo espacio no puede sorprender que Estados Unidos impulse con decisión el combate en contra el denominado terrorismo global desde los organismos del Sistema Interamericano de Seguridad y encuentre algún tipo de eco, aunque los otros países que integran dicho sistema no se encuentren involucrados en la primera fila de esa batalla, como tampoco es improbable que algún actor o actores latinoamericanos soliciten al DoD, en la lógica del sistema y de manera informal, una batería de medidas, por ejemplo, en contra del gobierno del Presidente Hugo Chávez. Actitud que puede ser contraria a la sustentada por el Estado(s) de tal actor o actores.
[*] Periodista, con especialización en Relaciones Internacionales, Universidad de Chile (1980); Graduado del “Curso Superior de Estudios Políticos y Estratégicos”, ANEPE (1992); Magíster en Ciencias Militares, mención Política de Defensa y Diplomado en Sociología Militar, Academia de Guerra del Ejército de Chile (1995-1996, 1999; Director del Área de Seguridad y Defensa del CEE UArcis E-mail: aleiturra@terra.cl ; aleiturra@cee-chile.org
[1] Robert McNamara, Secretario de Defensa de Estados Unidos, entre 1961 y 1968
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