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CARTA DE OPINIÓN

Nº 1 - 15 de julio 2005

ADQUISIÓN DE ARMAMENTO Y EVENTUALES ESCENARIOS DE EMPLEO
por Alejandro Iturra G.[1]


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La compra de un moderno arsenal por Chile, país percibido económicamente exitoso, provoca críticas en el vecindario y suspicacias en los países más lejanos, en un momento histórico en que la región demuestra una limitada ocurrencia de conflictos, bajo promedio comparativo del gasto en Defensa y una política consolidada referida a las armas de destrucción masiva.

En dicho arsenal sobresale la adquisición de 10 cazabombarderos F-16C/D Block 50 (más un tanquero KC-135R) y 28 cazabombarderos F-16A/B, modernizados según parámetros OTAN; 2 submarinos tipo “Scorpene”; 4 fragatas holandesas –2 tipo L de 3.750 toneladas, 2 tipo M de 3.350 ton. y 3 fragatas británicas tipo 23 de 4.200 ton.; 24 cañones autopropulsados M-109 de 155mm., 96 tanques Leopard2, en el marco de un requerimiento institucional de 200 a 240 unidades; sistemas de detección, mando y control para las baterías de defensa aérea, ingenios blindados que potencian a las unidades de ingenieros mecanizados y la renovación de los equipos de guerra electrónica y telecomunicaciones, al nivel táctico y operativo, a lo que hay que agregar la inversión en los sistemas de apoyo logísticos e infraestructura respectivos.

La tecnología “de punta” que incorporan los tanques Leopard 2, submarinos “Scorpene” y F-16C/D representa una etapa avanzada de los procesos modernizadores en el Ejército, “Plan Alcázar”, Armada, “Plan Océano” y Fuerza Aérea, “Plan Bicentenario”; procesos que nacen desde las propias Fuerzas Armadas tras el retorno de la democracia representativa en un contexto político y político-estratégico que se manifiesta en tres hechos centrales:

1)     El funcionamiento de la Ley Reservada del Cobre, que provee cada año y automáticamente el 10% de las ventas de cobre y derivados de CODELCO para la compra de armamento

2)     La debilidad de la conducción civil en el Ministerio de Defensa Nacional (la secretaría de Estado tiene una limitada capacidad en el diseño, selección, gestión y evaluación de los cursos de acción y, por lo tanto, carece de una política de adquisición de armas) y en el Parlamento (no se modifica la Ley del Cobre pese a que sólo necesita quórum simple)

3)     La presencia de instituciones de la Defensa dotadas de un conocimiento y un importante poder de decisión propio.

El Ejército, en el marco del “Plan Alcázar”, recibe 284 tanques Leopard 1, completa la dotación de tanques AMX-30 y moderniza el tanque liviano M-41; incorpora  varios cientos de transportes blindados de tropas M-113 y carros especializados afines, transformando parte de la infantería motorizada en mecanizada; compra misiles antiblindaje MAPATS de largo alcance y cañones sin retroceso antiblindaje de empleo individual “Carl Gustav” de mediano y corto alcance; potencia la artillería con el sistema múltiple de cohetes LAR-160 de 35km. de alcance, pone en servicio del misil antiaéreo Mistral, incrementa el alcance de 96 cañones M-101 de 105mm. y actualiza las piezas autopropulsadas AMX-13 F.3 de 155mm.; adquiere modernos ingenios para los ingenieros de combate, mecanizados y de montaña y perfecciona las comunicaciones estratégicas institucionales (red primaria).

La Armada, en el marco del “Plan Océano”, compra una fragata británica Tipo 22 lote 2; moderniza 4 fragatas Tipo Leander, 2 submarinos Tipo Oberon, 2 Tipo 209, 4 destructores Tipo County (los Oberon están dados de baja y las unidades “Leander” y “County” se reemplazan por la fragatas británicas y holandesas); potencia la infantería de marina con carros de combate “Escorpión”, cañones M-71 de 155mm. para la defensa de costa y renueva el equipamiento individual y vestuario; completa la actualización de 4 lanchas misileras “Type 148” y 3 lanchas misileras “Sa’ar 4”; consolida las capacidades de la aviación naval con la puesta en servicio de aviones de exploración aeromarítima P-3ACH “Orión” y helicópteros de exploración aerotáctica y ataque AS-532 “Cougar”.

La Fuerza Aérea, tras recibir plataformas con miles de horas de vuelo provenientes de la USAF en los inicios de la transición (UH-1H, C-130B, A-37B), incorpora en el marco del “Plan Bicentenario” 20 Mirages 5MA/MD, actualizados según parámetros OTAN; pone término a la modernización de los cazas F-5E/F “Tigre II” en la versión “Tigre III” y los Mirages 50 FC/CH/DCH en los Mirage 50 CN/DCN “Pantera”; completa la producción bajo licencia española del T-36/A-36 “Halcón”; modifica un Boeing 707 en el tanquero “Águila” y otro –con tecnología israelí- en el aparato de mando, comunicaciones, control y alerta temprana “Cóndor”; fortalece la especialidad de guerra electrónica y comunicaciones, así como las baterías de defensa aérea con misiles “Mistral”, “Mygale”, cañones Oerlikon de 35mm. y piezas “Vulcan” remolcadas de 20mm. (M167) y auto propulsadas (M163).

En suma, Chile invierte en la compra de armamento, de manera planificada y sistemática, en una magnitud que no tiene contraparte en América Latina desde 1990, salvo Brasil, inclinando la correlación histórica estratégica a su favor. Frente a las críticas, el Gobierno señala que el proceso implica sólo al recambio del material. Tal opinión podría sostenerse en el caso de las compras de la Armada y la Fuerza Aérea -entendiendo que las nuevas plataformas y sistemas incorporan capacidades adicionales que sus pares vecinales no pueden contrarrestar-, pero, si se revisan las adquisiciones del Ejército dirigidas a la construcción de una fuerza potente, célere y flexible, no caben dudas que se produce un crecimiento cualitativo y cuantitativo significativo.

Si se asume que los contenidos de la conducción civil en los asuntos relativos a la compra de armas es más formal que real, hay que observar, entonces, lo que ocurre al interior de las instituciones que proponen las adquisiciones, para dimensionar la coherencia entre su percepción del entorno, el tipo de material incorporado y el probable teatro de empleo.

Durante el cuatrienio del Almirante Jorge Arancibia (1997-2001), la Armada anunció la plena coherencia entre la misión institucional y la inserción del país, poniendo énfasis en la vigilancia y el control de las vías marítimas por donde se lleva a cabo el comercio exterior chileno, sin descuidar la capacidad para proyectar fuerza lejana. Lo concreto es que el nuevo material sigue reproduciendo la preocupación central por el entorno vecinal (naufragando la construcción en el país del buque oceánico de superficie, que posibilita el control de las vías marítimas, por un mal diseño institucional) y refuerza el despliegue de algunos medios que proyectan fuerza.

La situación del Ejército es más compleja, porque entiende que la defensa tradicional del territorio sufre cambios por la permeabilidad de las fronteras y los esfuerzos políticos por la integración en el marco de una agenda vecinal chilena asimétrica: mejora sustancial de las relaciones con Argentina, apenas suficientes con Perú y malas con Bolivia. El punto es que las nuevas capacidades sirven preferentemente para desempeñarse en la estepa magallánica y el desierto nortino.

La Fuerza Aérea, al igual que el Ejército, no se manifiesta explícitamente frente al nuevo escenario; no obstante, entrega señales que su preocupación central no está en lo vecinal, aunque debe estar preparada para tal contingencia. Da a entender que proyecta el empleo de sus nuevos medios en otros teatros, particularmente en las denominadas misiones de imposición de la paz, esto es, participación en conflictos abiertos bajo las banderas de Naciones Unidas, presumiblemente.

En suma, la posesión de un arsenal con “tecnología de punta” por las Fuerzas Armadas chilenas –inclinando el balance estratégico vecinal a su favor- responde a un proceso que nace desde las mismas fuerzas y se desarrolla a través de una conducción civil débil y más bien formal. Su concentración por parte del Ejército debe situarse progresivamente en el Teatro Norte, dado el mejoramiento de relaciones con Argentina, sin descartarse su empleo en alguna operación de imposición de la paz bajo condiciones “de guerra”. La utilización que la Armada quiera proveer a sus nuevos submarinos y fragatas de acuerdo a su planificación, responde a los parámetros tradicionales y amplios, pese a que se proyecta originalmente en una dirección particular. La Fuerza Aérea tiene claro que su accionar principal no responde a la problemática vecinal, sin descuidarla y estaría pronta a actuar en misiones de imposición de la paz bajo condiciones de conflicto abierto en cuanto arriben sus nuevos ingenios disuasivos.



[1] Periodista, con especialización en Relaciones Internacionales, Universidad de Chile (1980); Graduado del “Curso Superior de Estudios Políticos y Estratégicos”, ANEPE (1992); Magíster en Ciencias Militares, mención Política de Defensa y Diplomado en Sociología Militar, Academia de Guerra del Ejército de Chile (1995-1996, 1999); Graduado del “Curso de Planificación y Administración de Recursos de Defensa”, CHDS (2001); Director del Área de Seguridad y Defensa del CEE de la U. ARCIS: www.cee-chile.org; E-mail: aleiturra@terra.cl ; aleiturra@cee-chile.org

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